LA PAZ, 13 ene (El Libre Observador) — La temporada de lluvias ha golpeado con fuerza a Bolivia, afectando a ocho de los nueve departamentos del país. Desde noviembre de 2024, las intensas precipitaciones han dejado un saldo de 16 muertos, más de 16.000 familias damnificadas y 194 viviendas destruidas, informó este lunes el viceministro de Defensa Civil, Juan Carlos Calvimontes.
El departamento de Oruro es el único que permanece sin afectaciones, mientras que regiones como La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Beni enfrentan graves inundaciones y desbordes de ríos.
La localidad de Quime, en la provincia Inquisivi de La Paz, ha sido una de las más golpeadas, con 500 familias afectadas y 40 que lo han perdido todo tras el desborde de los ríos Kuyuna y Quime.
El Gobierno boliviano ha intensificado sus esfuerzos para atender la crisis. El presidente Luis Arce ordenó el envío de más de 21 toneladas de ayuda humanitaria, mientras efectivos militares colaboran en evacuaciones y tareas de mitigación.

En Quime, se trabaja con maquinaria pesada para restablecer los cauces de los ríos desbordados, y se ha logrado restituir parcialmente el servicio de agua potable, mientras se avanza en la rehabilitación eléctrica.
Sin embargo, el panorama sigue siendo preocupante. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) ha emitido una alerta de lluvias de moderada a alta intensidad en 105 municipios de los departamentos más afectados, con especial preocupación por la posibilidad de nuevos desbordes de ríos.
“Son 305 municipios en riesgo debido a la proximidad de ríos o cuencas que podrían desbordarse si las lluvias continúan con esta intensidad”, advirtió Calvimontes.
Además de las pérdidas humanas y materiales, esta temporada de lluvias expone la vulnerabilidad estructural del país ante desastres naturales. La necesidad de medidas sostenibles, como sistemas de drenaje adecuados y estrategias de mitigación, se hace más urgente que nunca.

“Cada año, las lluvias llegan con mayor intensidad y afectan más a las comunidades más vulnerables. Es vital reforzar la logística y la cooperación para enfrentar estos desafíos”, señaló el viceministro.
La crisis actual no solo evidencia la fuerza implacable de la naturaleza, sino también la importancia de implementar soluciones integrales que protejan a las poblaciones más expuestas y prevengan desastres futuros. En Bolivia, la temporada de lluvias sigue marcando un reto crítico para las autoridades y la resiliencia de sus comunidades.


