LA PAZ, 23 sep (El Libre Observador) – Luis Arce emprendió este martes su último viaje internacional como presidente de Bolivia. El destino no podía ser más simbólico: Nueva York, sede de las Naciones Unidas, donde participará en el 80º periodo de sesiones de la Asamblea General.
Antes de abordar el avión presidencial, entregó el Bastón de Mando al vicepresidente David Choquehuanca, un gesto de continuidad institucional cargado de resonancia política en un país que se encamina hacia la segunda vuelta electoral de noviembre.
El foro de la ONU ha sido históricamente un escenario donde los presidentes bolivianos han buscado proyectar su voz en el concierto internacional. Desde que Evo Morales debutara en la Asamblea en 2006 con un discurso encendido contra el capitalismo y en defensa de la Pachamama, Bolivia ha cultivado un perfil diferenciado, con intervenciones críticas al orden global y en sintonía con las causas del Sur Global. Arce, que asumió el poder en 2020 tras la crisis política de 2019, intentó mantener esa línea, aunque con un tono más técnico y moderado que su antecesor.
El mandatario intervendrá este miércoles 25 de septiembre en el debate general, coincidiendo con los días de mayor visibilidad del encuentro, cuando desfilan por el podio los líderes de las principales potencias.
Según la Cancillería boliviana, su discurso repasará los logros del llamado Proceso de Cambio, insistirá en la necesidad de respuestas colectivas frente a la crisis climática y reclamará un orden internacional más equitativo, en el que los países en desarrollo tengan mayor margen de decisión.

La despedida de Arce de la ONU se produce en un contexto de transición política interna. Bolivia se encamina a elegir nuevo presidente el 8 de noviembre, en medio de un clima polarizado y con una segunda vuelta que definirá el rumbo del país hacia el Bicentenario de 2025.
Su presencia en Nueva York, por tanto, no solo tiene valor diplomático, sino también simbólico: representa el cierre de un ciclo y la última oportunidad de dejar sentado su legado internacional.
Durante su mandato, Arce ha hecho de la diplomacia multilateral un eje de su política exterior. En foros como la COP sobre cambio climático o la Cumbre de Países sin Litoral, Bolivia se mostró como defensor de la Amazonía y de los derechos de los pueblos indígenas, al tiempo que cuestionó el intervencionismo de las potencias en América Latina.
Su tono, sin embargo, contrastó con el de Morales: menos confrontativo, más centrado en cifras y en propuestas concretas de financiamiento climático y cooperación económica.
En Nueva York, además del discurso, Arce mantendrá reuniones bilaterales con representantes de potencias emergentes y organismos multilaterales. La Cancillería ha evitado detallar su agenda, aunque adelantó que varios encuentros ya están confirmados. Con ello, Bolivia busca asegurar que su voz no desaparezca de los espacios de negociación internacional justo cuando el país entra en un periodo de recambio político.
El viaje tiene también un trasfondo personal: es el último escenario en el que Arce se presenta como estadista global. Tras cuatro años de gestión marcada por la pandemia, la inflación y las tensiones internas en el Movimiento al Socialismo, su intervención en la ONU será recordada como la clausura de su papel internacional. Una especie de epílogo diplomático antes de ceder la banda presidencial en La Paz.
Con esta última participación en la Asamblea General, Bolivia reafirma una tradición que se remonta a los años 40, cuando el país ingresó a la ONU como miembro fundador. Desde entonces, sus presidentes han utilizado el foro no solo para hablar de los grandes retos globales, sino también para visibilizar las demandas históricas de la nación andina: el acceso soberano al mar, la protección de la Madre Tierra o la denuncia de las asimetrías económicas internacionales.
Arce, en ese sentido, cierra un ciclo siguiendo una senda trazada por décadas de diplomacia boliviana en el organismo. El próximo 8 de noviembre, cuando Bolivia viva la jornada de traspaso de poder, Arce ya habrá bajado el telón de su presencia en la arena internacional. Lo hará con un último discurso en Nueva York, en el foro donde su país, pequeño en territorio, pero persistente en voz, ha buscado hacerse escuchar en nombre del multilateralismo.

