LA PAZ, 29 dic (El Libre Observador) — El mensaje del empresariado boliviano al cierre de un año convulso es directo y sin rodeos: sin reglas claras, seguridad jurídica y estabilidad social, la reconstrucción económica de Bolivia seguirá siendo una promesa frágil. Así lo planteó la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), que aprovechó el balance de 2025 para trazar una hoja de ruta hacia 2026 marcada tanto por la advertencia como por la expectativa.
El diagnóstico no elude la dureza del contexto. Para el sector privado, 2025 fue un año de crisis económica persistente, tensiones sociales recurrentes y un clima de inseguridad que obligó a muchas empresas a reducir costos, reinventarse o simplemente resistir para mantenerse a flote. Aun así, subraya la CEPB, la maquinaria productiva no se detuvo: las empresas siguieron produciendo, invirtiendo, pagando salarios y sosteniendo el empleo formal en medio de la incertidumbre.
En un documento difundido al cierre del año, la confederación insistió en que el desafío de 2026 va más allá de indicadores macroeconómicos. “Necesitamos reglas claras, seguridad jurídica y estabilidad social”, señala el texto, que reclama políticas capaces de incentivar la producción, la inversión y el empleo digno, en el marco de una economía que premie el esfuerzo, la innovación y la iniciativa privada.
Pero el pronunciamiento empresarial no se limita a demandas económicas. El eje central es político y social: la necesidad de recomponer la confianza. En un país atravesado por la polarización y la confrontación, la CEPB advierte que sin una “visión común de país” será difícil salir del estancamiento.

“Bolivia demanda menos confrontación y más consensos; menos desconfianza y más cooperación”, afirma el documento, en un llamado explícito al diálogo entre el Estado, el sector privado y la sociedad.
El empresariado sostiene que la salida a la crisis no puede construirse desde la imposición ni la confrontación, sino desde instituciones sólidas y el respeto a la ley. En su lectura, la inestabilidad social no solo erosiona la convivencia democrática, sino que desalienta la inversión y agrava la fragilidad económica de un país que aún busca un rumbo claro.
El texto también hace referencia al escenario político que dejó el año electoral, interpretado por la CEPB como un punto de inflexión. Según los empresarios, los comicios marcaron un tránsito “de la incertidumbre a la esperanza” y abrieron la posibilidad de recuperar el orden y la estabilidad, aunque advierten que ese capital político es limitado y exige resultados concretos.
De cara a 2026, el mensaje final combina cautela y optimismo. Bolivia —afirman— puede recuperarse, crecer y volver a creer en sí misma, pero solo si se asume que no hay salidas individuales para una crisis colectiva. El desarrollo, concluye el empresariado, no se decreta ni se impone: se construye con consensos, reglas claras y una convivencia social que haga posible el crecimiento.

