LA PAZ, 24 feb (El Libre Observador) — En un movimiento diplomático de alto contenido simbólico y geopolítico, Bolivia decidió restablecer relaciones con el Reino de Marruecos y abrir embajadas en La Paz y Rabat, al tiempo que suspendió sus vínculos con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).
La decisión, anunciada tras una conversación entre los cancilleres de ambos países, marca un giro en la tradicional postura boliviana respecto al conflicto del Sáhara Occidental.
El canciller boliviano, Fernando Aramayo Carrasco, y su homólogo marroquí, Nasser Bourita, acordaron “refundar los vínculos estratégicos” y abrir una nueva etapa de cooperación bilateral basada en la igualdad soberana y el respeto mutuo, según informó la Cancillería en un comunicado oficial.
El acercamiento no se limita a la reapertura formal de relaciones. Ambos gobiernos delinearon una hoja de ruta para profundizar el diálogo político e impulsar el comercio, la inversión y la cooperación en áreas sensibles para Bolivia como la agricultura, la seguridad alimentaria y los fertilizantes. En un contexto de presión económica y búsqueda de nuevos socios, La Paz apuesta por ampliar su proyección hacia el norte de África y el mundo árabe.

Pero el punto más delicado del anuncio es el relacionado con el Sáhara Occidental, territorio en disputa desde 1975. Bolivia informó que realizó una “revisión soberana” de su posición, en consonancia con la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas. Como resultado, decidió suspender relaciones con la RASD, entidad que no es Estado miembro de la ONU, y cesar todo contacto oficial.
La decisión sitúa a Bolivia en una línea más cercana a la estrategia diplomática de Rabat, que en los últimos años ha intensificado su ofensiva internacional para consolidar apoyos a su propuesta de autonomía para el territorio bajo soberanía marroquí. Varios países han revisado o matizado sus posiciones en torno al conflicto, reflejo de un tablero internacional cada vez más pragmático.
Para Bolivia, históricamente alineada con causas de autodeterminación en foros multilaterales, el giro supone una recalibración que combina principios y realismo. El Gobierno reafirmó su compromiso con el multilateralismo, la Carta de las Naciones Unidas y la resolución pacífica de controversias, subrayando que su política exterior responde a una prerrogativa soberana de diversificar alianzas técnicas y comerciales.
El restablecimiento de embajadas en La Paz y Rabat, más allá de la formalidad diplomática, representa una apuesta estratégica en un momento en que América Latina y África buscan reforzar sus vínculos Sur-Sur. En un escenario global atravesado por nuevas alianzas y reacomodos, Bolivia opta por ampliar su margen de maniobra internacional, aun a costa de alterar equilibrios históricos en su política exterior.

