LA PAZ, 5 mar (El Libre Observador) — Bolivia busca proyectarse como un referente regional de producción agrícola resiliente y sostenible tras sellar una nueva etapa de cooperación estratégica con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en un encuentro de alto nivel que marca el retorno del país a los espacios de planificación global después de más de quince años.
El ministro de Desarrollo Productivo, Rural y Agua, Óscar Mario Justiniano, sostuvo una reunión bilateral con el director general de la FAO, Qu Dongyu, en el marco de la 39ª Conferencia Regional del organismo para América Latina y el Caribe, celebrada en Brasilia, capital de Brasil.
El diálogo tuvo como eje central delinear una hoja de ruta orientada a fortalecer la seguridad alimentaria con soberanía y promover un desarrollo agroproductivo sostenible en Bolivia, según informó el Gobierno boliviano.
Durante la reunión, Justiniano presentó los principales lineamientos del “Plan Bolivia Productiva y Resiliente 2026-2030”, una estrategia que busca impulsar la transformación agroindustrial del país y reforzar la capacidad de adaptación del sector rural frente a los efectos del cambio climático. El ministro subrayó además la importancia de que el Estado boliviano participe de forma activa en el diseño de políticas y programas del organismo internacional.

Como respuesta, la FAO propuso el desarrollo de un plan estratégico de largo plazo —con una proyección de entre diez y quince años— que serviría como base técnica para modernizar el sistema agroalimentario boliviano y fortalecer las capacidades productivas de las comunidades rurales.
En el marco del programa internacional “Mano de la Mano” (Hand in Hand), Bolivia oficializó su interés en captar inversiones destinadas a potenciar la producción de cacao, asaí y camélidos, tres rubros considerados estratégicos tanto por su valor nutricional como por su creciente demanda en los mercados internacionales.
El Gobierno boliviano también planteó ampliar la cooperación hacia nuevas cadenas de valor con alto potencial exportador, entre ellas la castaña amazónica, la almendra, las papas nativas andinas y la miel de alta calidad. En paralelo, se solicitó reactivar la iniciativa para declarar un “Año Internacional de los Frutos Nativos Amazónicos”, con el objetivo de posicionar estos productos por su origen, biodiversidad y valor nutricional.
El componente ambiental ocupó un lugar central en la agenda bilateral. Ambas autoridades acordaron avanzar en la elaboración de propuestas técnicas que permitan a Bolivia acceder a financiamiento internacional del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y del Fondo Verde para el Clima, orientado a proyectos de resiliencia en sistemas agroalimentarios y mecanismos de pago por resultados.
Al cierre del encuentro, Justiniano agradeció el respaldo técnico de la FAO y ratificó el compromiso del Gobierno boliviano de fortalecer una cooperación internacional “estratégica y eficaz”, centrada en la erradicación del hambre, el desarrollo rural sostenible y la mejora de las condiciones de vida de miles de familias productoras del país.
La iniciativa, según autoridades bolivianas, busca convertir la diversidad agrícola del país —desde los Andes hasta la Amazonía— en un motor de innovación productiva y resiliencia climática, en un momento en que la seguridad alimentaria se consolida como uno de los grandes desafíos globales del siglo XXI.

