LA PAZ, 24 mar (El Libre Observador) — En el altiplano árido de Potosí, donde los salares guardan una de las mayores reservas de litio del planeta, la promesa de riqueza vuelve a tomar forma en cifras concretas. La estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) reportó este martes ingresos por más de 46,55 millones de dólares en 2025, impulsados por la venta de carbonato de litio y cloruro de potasio, dos productos clave en la transición energética global.
El dato, presentado por el presidente ejecutivo de la empresa, Sergio Soliz Gómez, durante la rendición pública de cuentas, marca un avance en la lenta pero persistente construcción de una industria que Bolivia ha buscado consolidar durante más de una década. “Hemos logrado ventas totales equivalentes a Bs 324 millones”, resumió el ejecutivo, en un balance que combina optimismo con cautela.
La cifra no es menor en un país que aspira a dejar de ser un simple proveedor de materias primas. El 65% de esos ingresos proviene de mercados internacionales, con China como principal destino del carbonato de litio boliviano, en un contexto de creciente demanda por baterías para vehículos eléctricos y almacenamiento de energía.
Pero el mapa comercial es más amplio. El cloruro de potasio —un fertilizante esencial— encontró compradores en Chile, Brasil, Perú, Argentina y Guatemala, mientras que el mercado interno absorbió el 35% restante, distribuyendo el producto en regiones agrícolas clave como Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba o Tarija.

Sin embargo, más allá de los números, el desafío boliviano sigue siendo estructural. A diferencia de sus vecinos del llamado “triángulo del litio”, el país ha optado por un modelo estatal que prioriza el control soberano sobre los recursos, pero que ha avanzado con mayor lentitud en atraer inversiones y escalar la producción industrial.
En ese contexto, los más de 7,6 millones de bolivianos transferidos en regalías al departamento de Potosí adquieren un valor simbólico y político. Representan, aunque de forma aún limitada, la materialización de una promesa histórica: que la riqueza del subsuelo se traduzca en beneficios tangibles para las regiones que la albergan.
El litio boliviano, codiciado en los mercados globales, se mueve así entre avances medidos y expectativas aún mayores. Las cifras de 2025 muestran una industria que empieza a consolidarse, pero que todavía enfrenta el reto de transformar su potencial geológico en una verdadera palanca de desarrollo económico. En un mundo que acelera hacia la electrificación, Bolivia sigue buscando no quedarse atrás.

