LA PAZ, 2 jul (El Libre Observador) — Durante casi dos décadas, el comercio exterior boliviano giró alrededor de un mismo motor como es el gas natural. Las exportaciones hacia Brasil y Argentina sostuvieron las cuentas externas, financiaron buena parte del crecimiento económico y convirtieron al hidrocarburo en el principal generador de divisas del país. Hoy ese modelo pertenece al pasado. Con la producción gasífera en declive y el mercado argentino cerrado desde septiembre de 2024, Bolivia intenta construir una nueva geografía comercial. Los datos publicados este jueves muestran que esa transición comienza a dar resultados con Asía como principal mercado, aunque todavía convive con profundas fragilidades.
Entre enero y mayo de este año, el país registró un superávit comercial de 1.393 millones de dólares, el primero para ese periodo tras tres años consecutivos de déficits. La cifra, difundida por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) con base en datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), refleja un cambio de tendencia impulsado por el vigor de las exportaciones y una creciente orientación hacia los mercados asiáticos.
El resultado supone un giro significativo frente al mismo periodo de 2025, cuando Bolivia acumuló un déficit comercial de 578 millones de dólares. En apenas un año, la balanza pasó del terreno negativo a un amplio saldo favorable gracias a un aumento del 63 % en las exportaciones, que alcanzaron 5.449 millones de dólares, mientras las importaciones crecieron apenas un 3 %, hasta 4.056 millones.

Las cifras muestran que el país ha encontrado nuevas fuentes de dinamismo exportador justo cuando el viejo modelo energético pierde protagonismo. China se consolidó como el principal destino de las ventas externas bolivianas al concentrar el 23 % del total exportado. Le siguen India, con el 11 %, y Japón, con el 9 %, una fotografía que confirma el desplazamiento del eje comercial boliviano hacia Asia, donde la demanda de minerales y otras materias primas ha ganado peso en los últimos años.
El mayor superávit bilateral corresponde precisamente a India, con 544 millones de dólares, un contraste con los saldos negativos que Bolivia mantiene con Argentina, Brasil y Chile. La relación comercial con esos tres vecinos refleja el profundo cambio que atraviesa la economía boliviana. Argentina, que durante años fue uno de los principales compradores del gas boliviano, se ha convertido ahora en un socio con el que el intercambio favorece ampliamente a las importaciones.
Pero el optimismo que transmiten las cifras agregadas convive con señales de alerta. El desempeño del comercio exterior perdió fuerza en mayo, cuando más de 53 días de bloqueos de carreteras comenzaron a alterar la logística nacional. Las rutas interrumpidas retrasaron exportaciones, dificultaron el abastecimiento de insumos importados y frenaron la actividad de empresas que dependen de corredores terrestres hacia los puertos del Pacífico y del Atlántico.
El impacto fue suficiente para desacelerar el ritmo de crecimiento que las exportaciones habían mostrado durante el primer cuatrimestre. El IBCE sostiene que, sin esa prolongada conflictividad social, el superávit acumulado habría sido todavía mayor.

El episodio vuelve a poner de relieve una paradoja recurrente de la economía boliviana. Mientras las empresas logran abrir nuevos mercados y diversificar destinos para sus productos, la infraestructura logística y la estabilidad interna continúan siendo factores determinantes para aprovechar esas oportunidades. En un país sin salida soberana al mar, donde el comercio depende de largas rutas terrestres hacia puertos extranjeros, cada interrupción en las carreteras tiene un efecto multiplicador sobre las exportaciones, las importaciones y la generación de divisas.
La recuperación comercial llega además en un momento especialmente sensible. Bolivia enfrenta una persistente escasez de dólares, ha abandonado recientemente el régimen de tipo de cambio prácticamente fijo que mantuvo durante más de una década y busca recomponer la confianza de inversionistas y operadores económicos después de varios meses de incertidumbre.
En ese contexto, el saldo positivo del comercio exterior representa mucho más que un indicador estadístico. Es una de las principales fuentes de divisas con las que cuenta el país para aliviar las presiones sobre su economía y financiar sus importaciones en un escenario de menores ingresos por hidrocarburos.
Sin embargo, el desafío de fondo permanece abierto. El superávit conseguido en los primeros cinco meses del año demuestra que Bolivia puede sostener un comercio exterior dinámico incluso sin el protagonismo que alguna vez tuvo el gas natural. La incógnita es si esa transformación logrará consolidarse en un entorno marcado por la volatilidad política, las restricciones logísticas y la necesidad de atraer inversiones que permitan ampliar la oferta exportadora.

