LA PAZ, 31 jul (El Libre Observador) — Las cuentas del Estado empiezan a mostrar números que el Gobierno no veía desde hace tiempo. Las de las familias, en cambio, siguen contando otra historia. Mientras el Ministerio de Economía anunció que Bolivia registró un superávit fiscal equivalente al 0,2% del Producto Interno Bruto (PIB) entre enero y mayo de este año, en las calles persiste una realidad marcada por el encarecimiento del costo de vida, la escasez de divisas, las largas filas para acceder a combustibles y un poder adquisitivo que todavía no logra recuperarse.
Para la administración del presidente Rodrigo Paz Pereira, el cambio de un déficit del 2,3% del PIB en los primeros cinco meses de 2025 a un saldo positivo un año después constituye la primera evidencia de que el programa de reordenamiento económico comienza a producir resultados. El Ministerio de Economía sostiene que la mejora refleja una administración más eficiente del gasto público y una recuperación del equilibrio fiscal, presentada como la base para atraer inversiones, fortalecer la producción y recuperar la confianza de los mercados.
Sobre el papel, las cifras muestran un giro relevante. El Gobierno destaca que en apenas un año las cuentas públicas mejoraron 2,5 puntos porcentuales del PIB, una señal que considera clave para reconstruir la estabilidad macroeconómica tras meses de fuertes presiones fiscales y financieras.
Sin embargo, el optimismo de los indicadores oficiales contrasta con la percepción de buena parte de la población. La inflación continúa erosionando el ingreso de los hogares, el dólar mantiene una cotización elevada en el mercado paralelo, numerosos importadores siguen enfrentando dificultades para acceder a divisas y los problemas de abastecimiento de combustibles, que marcaron buena parte del primer semestre, todavía condicionan la actividad económica.
La distancia entre la recuperación de las finanzas públicas y la economía cotidiana se ha convertido en uno de los mayores desafíos para el Ejecutivo. Mientras el Estado muestra señales de mayor disciplina fiscal, comerciantes, transportistas y pequeñas empresas continúan operando en un entorno de elevados costos, incertidumbre cambiaria y menor capacidad de consumo, factores que han reducido el dinamismo del mercado interno.

El Gobierno insiste en que el superávit demuestra que es posible sanear las cuentas públicas sin abandonar la inversión estatal ni las políticas de protección social. Según el Ministerio de Economía, el resultado responde a una estrategia integral destinada a recuperar el equilibrio presupuestario y sentar bases más sólidas para un crecimiento sostenible.
No obstante, economistas coinciden en que el éxito de una consolidación fiscal no se medirá únicamente por los balances del Tesoro. La verdadera prueba será trasladar esa mejora macroeconómica a la vida diaria de los ciudadanos mediante una menor inflación, mayor disponibilidad de divisas, estabilidad cambiaria y una recuperación del empleo y del consumo.
La paradoja resume el momento que vive Bolivia. El Estado comienza a respirar con unas cuentas más ordenadas, pero millones de bolivianos todavía no perciben ese alivio. La economía ofrece señales de estabilización desde los despachos oficiales, mientras en mercados, estaciones de servicio y hogares la sensación dominante sigue siendo la de una crisis que aún pesa sobre el bolsillo.
El reto para el Gobierno de Rodrigo Paz será convertir un superávit contable en una recuperación tangible. Porque, en política económica, los equilibrios fiscales fortalecen la confianza de los mercados, pero son los ingresos familiares, el precio de los alimentos y la capacidad de compra los que terminan definiendo si una economía realmente ha empezado a salir de la crisis.

