
Por Abel Llave
LA PAZ, 10 sep (El libre Observador) — Uno de los cuestionamientos planteados por especialistas en planificación es precisamente la falta de una estrategia integral que permita conectar las decisiones económicas de corto plazo con un proyecto de desarrollo nacional.
LOS DATOS ECONÓMICOS
La situación, sin embargo, presenta matices.
Según el INE, la inflación acumulada entre enero y julio de 2026 llegó al 1,89 %, mientras que la inflación a 12 meses se situó en 4,93 %. Solo en julio, el Índice de Precios al Consumidor cayó un 2,79 %, en parte por la recuperación del abastecimiento después de los bloqueos registrados durante mayo y junio.
Pero otros indicadores continúan generando preocupación.
El Gobierno mantiene una previsión de déficit fiscal cercano al 9 % del PIB para 2026 y el escenario de crecimiento económico sigue siendo débil. El propio Ministerio de Economía había advertido que el crecimiento inicialmente previsto para la gestión podía no concretarse.
En materia cambiaria, el Banco Central de Bolivia registra, para este 28 de agosto, un tipo de cambio oficial de Bs 11,83 por dólar, dentro del nuevo esquema de flexibilización cambiaria.
EL DÓLAR, LAS RESERVAS Y EL FMI
La crisis cambiaria llevó al Gobierno a avanzar hacia una política económica diferente de la aplicada durante los últimos años.
Bolivia alcanzó, además, un acuerdo técnico con el Fondo Monetario Internacional por unos 1.900 millones de dólares, como parte de un programa destinado a enfrentar la crisis, reducir el déficit y avanzar en reformas económicas. El programa todavía requiere completar las instancias correspondientes para su implementación.
El Gobierno también busca recuperar reservas y generar financiamiento externo. Sin embargo, organismos y analistas continúan observando con atención la sostenibilidad de las cuentas públicas y la capacidad del país para recuperar el crecimiento.

CAMBIOS EN EL EQUIPO ECONÓMICO
La crisis también provocó movimientos dentro del propio Ejecutivo.
El presidente Rodrigo Paz removió al ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, después de que la Asamblea Legislativa aprobara su censura. Días después, Paz posesionó a Christian Morales como nuevo titular de Economía, con la misión de dar continuidad al programa económico y avanzar en las negociaciones financieras.
El cambio se produce en medio de una creciente tensión entre el Ejecutivo y el Legislativo y de cuestionamientos a la gestión económica.
UNA CRISIS QUE YA NO ES SOLO ECONÓMICA
A la situación fiscal y cambiaria se suma una coyuntura política compleja.
El Gobierno enfrenta divisiones en el escenario legislativo, cuestionamientos desde distintos sectores y presión social por el costo de los combustibles, el empleo, el poder adquisitivo y el acceso a dólares.
A esto se suma el caso Fernando Cerimedo, exasesor vinculado al entorno presidencial, que abrió un nuevo frente político y comunicacional para el Gobierno. La Fiscalía anunció una tercera investigación en su contra, esta vez por presuntos vínculos con el narcotráfico, mientras permanece con detención preventiva por otros procesos.
¿Y EL PLAN DE DESARROLLO?
El Gobierno sostiene que trabaja en una nueva estrategia de desarrollo y que el Plan Bolivia busca establecer ejes para transformar la economía nacional. El Ministerio de Planificación ha planteado una agenda de desarrollo estratégico, mientras que otros sectores reclaman que estos planes se traduzcan rápidamente en proyectos concretos, inversión, empleo y generación de divisas.
Para especialistas como Abel Llave, el desafío está en pasar de los anuncios a una estrategia integral: reorganizar el aparato estatal, establecer responsabilidades claras entre instituciones, fortalecer el gabinete económico y acelerar proyectos estratégicos que permitan generar ingresos y empleo.
Entre las propuestas planteadas aparecen el fortalecimiento del comercio exterior, el aprovechamiento de Puerto Busch y la Hidrovía Paraguay–Paraná, además de una mayor coordinación entre las políticas monetarias, fiscales y productivas.

LA PREGUNTA DE FONDO
El Gobierno puede mostrar decisiones y cambios importantes en materia económica, pero todavía enfrenta el desafío de demostrar que esas medidas forman parte de una estrategia coherente y sostenible de largo plazo.
La discusión ya no es solamente cuánto cuesta el dólar o cuánto subieron los precios.
La pregunta es:
¿Existe una hoja de ruta integral para superar la crisis?
¿El acuerdo con el FMI será estabilizador o costoso socialmente?
¿Los planes de desarrollo se convertirán en resultados concretos?
¿Rodrigo Paz logrará construir confianza política y económica?
Bolivia espera respuestas. La economía no da tregua y el tiempo político comienza a correr.
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