LA PAZ, 11 sep (El Libre Observador) — En Viacha, la vida intenta recuperar su ritmo, pero hay lugares donde la normalidad todavía parece una palabra lejana. Una semana después de las dos explosiones que sacudieron el Regimiento de Artillería “Bolívar”, los vecinos regresan poco a poco a sus casas, se retiran escombros y se reparan ventanas y muros. Pero cinco familias siguen esperando saber qué ocurrió con sus seres queridos.
La tragedia dejó nueve muertos y 84 heridos, además de daños en unas 630 viviendas e inmuebles, según el balance proporcionado por las autoridades bolivianas. La explosión convirtió durante horas una zona de esta ciudad del departamento de La Paz en un escenario de emergencia, con familias evacuadas, calles cubiertas de restos y un perímetro de seguridad alrededor del cuartel.
Ahora, una semana después, la escena es distinta. Los equipos de rescate continúan trabajando entre los restos del recinto militar, en tanto, los habitantes intentan recomponer una cotidianidad alterada por el estruendo. La herida, sin embargo, permanece abierta.
La Fiscalía de La Paz confirmó que nueve cuerpos fueron recuperados. Ocho ya fueron entregados a sus familiares y continúan las pruebas genéticas para identificar los restos recuperados. Seis familias de personas desaparecidas ya proporcionaron muestras y las autoridades esperan disponer de resultados la próxima semana.
La búsqueda de los cinco desaparecidos tampoco ha terminado. Los trabajos fueron reanudados después de retirar material explosivo que ponía en riesgo a policías, fiscales y rescatistas. Una estructura del cuartel quedó debilitada por las detonaciones y las autoridades estudian una demolición controlada para poder avanzar entre los escombros.

El lugar sigue siendo tratado como una zona de riesgo. La tragedia comenzó el pasado 4 de septiembre con dos detonaciones en un área donde se almacenaba material pirotécnico. La primera explosión fue atribuida inicialmente a pólvora negra, mientras que las circunstancias de la segunda, de mayor magnitud, continúan bajo investigación.
La pregunta que queda ahora no es solo cuántas personas murieron o resultaron heridas. Es también cómo pudo producirse una tragedia de esta magnitud dentro de una instalación militar situada en una zona urbana y qué ocurrió con los materiales explosivos almacenados allí.
La Fiscalía ha desplegado peritos de criminalística y especialistas en química para reconstruir la secuencia de los hechos y determinar qué material provocó las explosiones. La investigación preliminar se desarrolla por los delitos de homicidio culposo, lesiones y estragos.
El Ejército, por su parte, abrió un sumario informativo y convocó a declarar a 14 militares, incluidos excomandantes del recinto. El objetivo es reconstruir la historia del material pirotécnico y bélico que ingresó, fue almacenado, destruido o dado de baja en el cuartel y establecer si hubo fallas o posibles responsabilidades.
Mientras tanto, la ciudad carga con las consecuencias visibles de la explosión. En las viviendas más próximas al recinto quedaron muros dañados y ventanas sin vidrios. La Alcaldía identificó 26 casas con afectaciones directas en los dos manzanos más próximos al cuartel y realizó un relevamiento de alrededor de 630 inmuebles afectados por la onda expansiva.
Durante los primeros días, algunas familias tuvieron que abandonar sus viviendas y fueron trasladadas temporalmente a la Escuela de Música. El temor no procedía únicamente de los daños: también de la posibilidad de que quedaran materiales peligrosos entre los restos del recinto militar.
El municipio mantiene apoyo para quienes todavía necesitan atención y espera que el seguro médico de las Fuerzas Armadas responda por las víctimas.
La ciudad comienza así a reparar lo que se puede reparar. Pero hay daños que no se arreglan con ladrillos ni cristales nuevos. Para las familias que siguen esperando la identificación de los restos o la aparición de los desaparecidos, el tiempo transcurre de otra manera.
Viacha intenta volver a ser la ciudad de antes de aquella tarde de septiembre. Las calles se despejan, las viviendas comienzan a recuperarse y los vecinos regresan a sus rutinas. En el cuartel, en cambio, todavía se buscan cuerpos y respuestas.
Una semana después, Bolivia tiene dos tareas pendientes: encontrar a los cinco desaparecidos y reconstruir con precisión qué sucedió dentro de un recinto militar donde una explosión terminó sacudiendo a toda una ciudad. Hasta que ambas respuestas lleguen, la normalidad de Viacha será necesariamente incompleta.

