LA PAZ, 28 ago (El Libre Observador) — La reciente actuación de la Selección Nacional de fútbol ha dejado al descubierto no sólo sus carencias deportivas, sino también una alarmante falta de humildad, educación y humanidad.
Un video que muestra a los jugadores ignorando a un grupo de niños que los esperaban con la ilusión propia de la infancia ha desatado una oleada de críticas, exponiendo una verdad incómoda: La Verde está tan desconectada del pueblo boliviano como lo está del éxito en las competencias quedando siempre última. Cuando llovieron las críticas, este miércoles los seleccionados quisieron corregir ese craso error con acercarse a la niñez.
El incidente, captado por Deporte Total, es un recordatorio doloroso de que el problema de nuestra selección no es sólo su incapacidad para ganar partidos. En el video, se observa a los jugadores pasando de largo, sin siquiera mirar a los pequeños que, con los ojos llenos de admiración, alzaban sus manos esperando un gesto de reciprocidad. Pero la respuesta fue un silencio glacial y una indiferencia que duele más que cualquier derrota.

Este desprecio por la niñez, por quienes representan el futuro del país, es un síntoma de una crisis más profunda. No es solo que la selección esté última en las clasificatorias al Mundial 2026, o que su actuación en la Copa América fuera un fiasco monumental. Es que, además, han perdido el respeto y la conexión con la gente que, a pesar de todo, sigue llegando a estadio, esperando algún día ver a su equipo levantar la cabeza.
¿Qué mensaje envían estos jugadores a esos niños que, con cada gol fallido y con cada gesto de soberbia, ven cómo sus ídolos se desmoronan?
La falta de humildad que mostró el equipo es un reflejo de su fracaso en todos los niveles. Oscar Villegas, el técnico que se autoproclamó como el líder de una renovación del seleccionado, parece haber caído en el mismo círculo vicioso de mediocridad y complacencia. Su silencio ante el gesto de los niños no solo fue una falta de cortesía, sino un símbolo de la desconexión total de la Verde con la realidad. ¿De qué sirve hablar de renovación cuando las viejas prácticas de desprecio y arrogancia siguen siendo la norma y que, además, son los mismos jugadores que nos llenan de fracasos deportivos?
Las redes sociales fueron implacables, y con razón. «Ni para saludar a los niños sirven», «Ojalá que Venezuela les dé una lección de humildad», se leía en los comentarios. Y es que, en un país donde el fútbol es una de las pocas alegrías, estos desplantes son una traición. La indignación de la gente es legítima; no se trata solo de una falta de educación, sino de una profunda desconexión con los valores que deberían guiar a cualquier deportista.
El 5 de septiembre, Bolivia enfrentará a Venezuela en Villa Ingenio de la ciudad de El Alto. Será un partido crucial en las Eliminatorias Sudamericanas, pero después de este episodio, lo que está en juego es mucho más que tres puntos.

Es la confianza de un pueblo que se siente traicionado por aquellos que deberían ser sus héroes. La selección boliviana necesita más que una victoria en la cancha; necesita una victoria moral, una reconexión con su gente y, sobre todo, una dosis de humildad que parece haberse perdido en el camino.
En lugar de centrarse en tácticas y entrenamientos, quizás la Verde debería reflexionar sobre lo que significa ser un equipo nacional. Porque, al final del día, el fútbol es más que un juego: es un reflejo de quienes somos y de los valores que representamos. Y en este momento, esos valores están en grave peligro de desaparecer.


