EL ALTO, 2 sep (El Libre Observador) — Cuatro años después de la trágica masacre de Senkata, que conmocionó a Bolivia, las víctimas y sus familiares se mantienen firmes en su lucha por justicia. Este lunes, 2 de septiembre, se inicia el juicio oral contra la exsenadora Jeanine Áñez y otras 17 exautoridades, acusadas de genocidio, homicidio y lesiones graves en el marco de la violenta represión ocurrida en noviembre de 2019.
La ciudad de El Alto, epicentro de la masacre, se convierte nuevamente en el escenario de una demanda social. La Asociación de las Víctimas de la Masacre de Senkata ha convocado a una vigilia pacífica en las puertas del Tribunal de Sentencia Penal de El Alto, en señal de que no descansarán hasta que se esclarezcan los hechos y se condene a los responsables.
El juicio, que se espera sea largo y complejo, promete develar detalles sobre la planificación y ejecución de la operación militar que dejó un saldo de 10 personas fallecidas y decenas de heridos. La Fiscalía ha presentado una sólida acusación, respaldada por cientos de pruebas documentales, peritajes y testimonios. Entre los acusados, además de Áñez, figuran exministros y altos mandos militares y policiales que desempeñaron un papel clave en el gobierno de facto.

La masacre de Senkata se convirtió en un símbolo de la crisis política que vivió Bolivia en 2019. Las imágenes de la represión policial y militar conmocionaron al mundo y generaron una fuerte condena internacional. El juicio que se inicia este lunes representa una oportunidad para hacer justicia y garantizar que hechos como estos no vuelvan a repetirse.
Más allá del aspecto jurídico, el caso de Senkata tiene profundas implicaciones económicas y sociales. Las familias de las víctimas han sufrido pérdidas irreparables y muchas de ellas aún enfrentan dificultades económicas. Además, la masacre dejó una profunda herida en la sociedad boliviana, que aún busca sanar.
La decisión de las víctimas de realizar una vigilia durante el juicio es un acto simbólico que refleja su determinación de no claudicar en su lucha por la verdad y la justicia. La presencia de los familiares de las víctimas en las puertas del tribunal será un recordatorio constante de las vidas perdidas y de la necesidad de que se haga justicia.
El juicio contra Áñez y sus colaboradores se presenta como un hito en la historia reciente de Bolivia. Las expectativas son altas, pero también existen desafíos. La defensa de los acusados seguramente buscará desvirtuar las pruebas y desacreditar a los testigos. Además, el clima político polarizado podría influir en el desarrollo del proceso judicial.


