LA PAZ, 12 ago (El Libre Observador) — La disputa por el liderazgo de la izquierda boliviana ha sumado un nuevo capítulo. El candidato presidencial de Alianza Popular, Andrónico Rodríguez, acusó este martes al expresidente Evo Morales de difundir “chismes y falsedades” sobre un supuesto ofrecimiento para que el exmandatario ocupe la candidatura vicepresidencial en las elecciones de agosto.
En declaraciones publicadas en sus redes sociales, Rodríguez negó tajantemente haber enviado emisarios para negociar la fórmula presidencial. “No es responsable que autoridades o exautoridades difundan información basada en chismes y falsedades”, escribió, en respuesta a Morales, quien horas antes había afirmado que el senador le había hecho llegar, “mediante compañeros”, una propuesta de integrar su binomio. Morales calificó tal oferta de “insulto”.
Rodríguez atribuyó la acusación a una “guerra sucia” diseñada para confundir al electorado y favorecer a sectores de derecha, en un clima político que combina fracturas internas y un creciente desgaste de las figuras históricas del oficialismo. “La gente está cansada de la mentira y la guerra sucia; debemos priorizar la unidad y soluciones a la crisis que vivimos”, añadió el candidato.
La polémica ocurre en un contexto de fuerte reconfiguración política en Bolivia y a cinco días de las elecciones nacionales. Morales, que gobernó entre 2006 y 2019 y sigue siendo una de las figuras más influyentes del país, mantiene una relación cada vez más distante y conflictiva con antiguos aliados.
Rodríguez, de 36 años, presidente del Senado y líder emergente en el movimiento cocalero del Chapare, representa para algunos la renovación generacional en el espectro progresista, aunque todavía arrastra vínculos con el Movimiento al Socialismo (MAS).

El intercambio de acusaciones no es un episodio aislado, sino parte de una pugna más amplia por la hegemonía de la izquierda en un país que enfrenta desafíos económicos estructurales.
Tras años de crecimiento sostenido impulsado por la exportación de gas natural, Bolivia afronta una desaceleración, la caída de reservas hidrocarburíferas y una creciente dependencia de combustibles importados, lo que ha presionado las finanzas públicas y las reservas internacionales. En este escenario, las disputas políticas internas amenazan con distraer la atención de un debate urgente sobre el modelo económico y social del país.
Para analistas, el enfrentamiento entre Morales y Rodríguez refleja la tensión entre dos estrategias: mantener un liderazgo y centralizado en torno a la figura del expresidente, o apostar por un relevo que preserve la identidad ideológica, pero amplíe la base electoral. La cercanía de las elecciones, programadas para el 17 de agosto, multiplica los choques discursivos y endurece las posiciones.
En Bolivia, donde la política suele mezclarse con la confrontación personal y la construcción de narrativas en redes sociales, este episodio es un recordatorio de que la campaña no se libra solo en mítines y debates, sino también en el terreno simbólico de la reputación y la credibilidad.


