LA PAZ, 18 sep (El Libre Observador) – La creciente tensión política en Bolivia ha alcanzado nuevos niveles de confrontación luego de que el Ministro de Justicia lanzara una contundente advertencia contra las movilizaciones lideradas por el expresidente Evo Morales.
A través de un mensaje publicado en sus redes sociales, el ministro afirmó que el gobierno no permitirá que Bolivia siga sumida en el dolor y la violencia, que atribuyó a la “ambición desmedida” de Morales por retomar el poder.
Fue tajante al señalar que el exmandatario ha “perdido el control” y que sus acciones, especialmente la llamada “marcha de la muerte”, no tienen otro propósito que generar caos y sufrimiento en el país.
“El Gobierno actuará con la Constitución en la mano y no permitirá que el pueblo sufra más dolor, más muerte y más luto por el trastorno de un sujeto que cree estar por encima de la ley”, aseveró.

Los enfrentamientos recientes, ocurridos en la localidad de Vila Vila en la carretera que conecta La Paz con Oruro, dejaron un saldo de al menos 26 heridos, según informó el Ministerio de Salud. La situación se produjo en el contexto de las movilizaciones organizadas por sectores afines a Morales, quienes exigen soluciones inmediatas a la crisis económica y presionan para adelantar las elecciones generales.
Esta escalada de violencia ha sido descrita por el ministro como una “trampa” creada por Morales para alimentar su ambición política.
En un tono aún más crítico, el ministro calificó los bloqueos y la marcha como “ilegales y violentos”, argumentando que Morales, al imponer su agenda, está atentando contra el bienestar de las familias bolivianas que intentan superar las dificultades económicas. El discurso se ha endurecido, con acusaciones directas de que el exmandatario solo persigue sus “caprichos personales”, los cuales ya llevaron a Bolivia a la incertidumbre y el sufrimiento en el pasado.

“El tiempo de Evo Morales ha terminado”, sentenció el ministro, aludiendo a lo que considera el agotamiento político del exmandatario, cuya estrategia, según el gobierno, está causando divisiones internas y dolor en el país. Las tensiones reflejan la polarización creciente en Bolivia, donde el futuro político del país parece estar cada vez más marcado por la confrontación entre los seguidores de Morales y el actual gobierno.
El gobierno también ha asegurado que está atendiendo los puntos del pliego petitorio presentado por los manifestantes, con el fin de evitar que Morales utilice este reclamo como justificación para intensificar las protestas. Sin embargo, el panorama se mantiene incierto, con un escenario de bloqueos y movilizaciones que amenazan con prolongar el conflicto social en el país.
A medida que Bolivia atraviesa una crisis cada vez más profunda, la administración del presidente Luis Arce se enfrenta a una prueba de fuego en su capacidad para mantener la estabilidad política y social, mientras Morales sigue agitando las aguas del escenario nacional en busca de su regreso al poder.


