LA PAZ, 6 jun (El Libre Observador) — Bolivia ha entrado en terreno económico incierto. La inflación acumulada hasta mayo alcanzó el 9,81 %, una cifra que no solo supera con holgura la proyección gubernamental del 7,5 % para todo el año, sino que revive las alarmas en una economía ya presionada por la escasez de divisas, el contrabando y los conflictos sociales.
La divulgación del dato este viernes por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE) ha sacudido el tablero económico y político del país andino.
El dato de mayo —una variación mensual del 3,65 %— representa el registro más alto de las últimas décadas, superando ampliamente el promedio mensual de los primeros cuatro meses del año.
El impacto es más que estadístico: golpea directamente al bolsillo de millones de familias y desafía la narrativa oficial de estabilidad económica.
“La carne de res sin hueso, el pollo, la cebolla, bebidas gaseosas y almuerzos populares fueron los productos más inflacionarios del mes”, detalló en rueda de prensa el director del INE, Humberto Arandia, quien reconoció que se trata de una “variación atípica” provocada por un “momento exacerbado”.

La explicación oficial combina factores estructurales y coyunturales. Arandia responsabilizó a las “condicionantes políticas” por el encarecimiento, incluyendo el agio, la especulación y los recientes bloqueos de rutas que han afectado la cadena de abastecimiento.
A ello se suma la falta de dólares, el incremento del mercado paralelo de divisas, problemas en la distribución de carburantes y un descenso abrupto de temperaturas que impactó en la producción agrícola nacional.
Apenas a mitad de año, Bolivia ya iguala prácticamente la inflación registrada durante todo 2024 (9,97 %), lo que plantea serias dudas sobre el modelo económico del Gobierno de Luis Arce Catacora y sus previsiones plasmadas en el Presupuesto General del Estado (PGE) de 2025.
Desde el Ejecutivo se ha intentado mantener la calma. El Ministerio de Economía insiste en que la inflación boliviana sigue siendo “moderada” si se la compara con países vecinos, y apunta a medidas de control de precios y subsidios como mecanismos de contención.
No obstante, voces críticas dentro del mismo oficialismo advierten que el modelo de tipo de cambio fijo, combinado con reservas internacionales menguadas y restricciones a las importaciones, ya no es sostenible.

En mercados de La Paz y Santa Cruz, las reacciones no se hicieron esperar. “Todo está subiendo, pero los sueldos no”, lamenta Carmen Salazar, vendedora de verduras en el Mercado Rodríguez. “Nos dicen que hay control de precios, pero nadie controla nada cuando falta el combustible o no hay productos”.
El alza de precios se produce en un contexto político cargado: Bolivia se encamina a elecciones generales el próximo 17 de agosto, y la inflación podría convertirse en un eje central del debate electoral. La oposición denuncia un “colapso del modelo” y acusa al Gobierno de maquillar cifras. En contraste, el oficialismo sostiene que hay un “boicot económico” promovido por sectores desestabilizadores.
Lo cierto es que, con el 9,81 % de inflación acumulada en cinco meses, Bolivia entra en una zona de turbulencia que podría escalar si no se logra estabilizar el abastecimiento de alimentos, normalizar la circulación de divisas y contener las tensiones políticas.

