LA PAZ, 28 may (El Libre Observador) – En medio de tensiones persistentes por la falta de dólares en Bolivia, el Gobierno del presidente Luis Arce confía en que una buena cosecha agrícola y mejores precios internacionales de los minerales permitirán aliviar la presión cambiaria.
Mientras tanto, el precio del dólar digital USDT, que en los últimos meses se convirtió en una suerte de termómetro informal del mercado paralelo, muestra este miércoles señales de retroceso.
“La tendencia es a la baja”, afirmó el ministro de Economía, Marcelo Montenegro, al referirse al comportamiento reciente del USDT en plataformas de intercambio digital. “El martes por la tarde se cotizaba en 16,35 bolivianos, cuando la semana pasada estaba en 20 bolivianos”, aseguró en una conferencia de prensa ofrecida en La Paz.
La cotización descendente del USDT, una stablecoin atada al valor del dólar estadounidense, es observada con atención por el Ejecutivo, que la interpreta como un síntoma de que se está moderando la especulación en torno al dólar físico, escaso en el sistema bancario boliviano desde el último trimestre de 2023.

En las calles de La Paz, el dólar paralelo aún circula por encima del valor oficial, pero lejos de los picos que encendieron las alarmas a inicios de mayo.
Este miércoles, según el sitio especializado Dólar Bolivia Hoy, la cotización informal rondaba los 16,33 bolivianos para la venta y 16,48 para la compra, una caída sustancial respecto a los Bs 20 por unidad registrados semanas atrás.
La crisis de divisas ha generado sobrecostos operativos, trabas en pagos internacionales y una fuerte presión sobre los importadores.
En este contexto, el Gobierno se aferra a lo que considera señales de reversión: más producción agrícola, precios favorables de minerales y un clima político que —al menos por ahora— intenta contener la incertidumbre.
Montenegro destacó que “la campaña de verano en el sector de la soya fue muy buena” y que las exportaciones previstas para los próximos meses generarán un flujo adicional de dólares. También apuntó que los minerales mantienen precios altos en los mercados internacionales, lo que contribuiría a reforzar las reservas y la capacidad del país de responder a la demanda de divisas.
La economía boliviana, sin embargo, enfrenta desequilibrios de fondo. Desde 2011, el país sostiene un tipo de cambio fijo de 6,96 bolivianos por dólar para la compra y 6,86 para la venta en el sistema oficial.
Esta política ha sido uno de los pilares del modelo económico del MAS (Movimiento al Socialismo), pero su sostenibilidad se ha puesto en entredicho ante la caída de las reservas internacionales netas, que pasaron de más de 15.000 millones de dólares en 2014 a menos de 2.000 millones en 2024.

A ello se suma la caída en las exportaciones de gas natural —durante años el motor de la economía boliviana— y un contexto internacional volátil. En este escenario, el uso de criptoactivos como el USDT se expandió entre comerciantes, empresarios e importadores, quienes vieron en ellos una vía alternativa para acceder a divisas ante la rigidez del mercado oficial.
La respuesta del Ejecutivo fue firme. El pasado viernes, el presidente Arce prohibió a la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) realizar operaciones con activos digitales, en un intento por limitar la dolarización informal de la economía.
Pese al optimismo del Gobierno, la incertidumbre no ha desaparecido. Analistas advierten que el alivio cambiario proyectado dependerá en gran medida de que las exportaciones efectivamente se materialicen y de que el sistema financiero recupere capacidad para atender la demanda de divisas.
El sector empresarial, por su parte, ha reiterado la urgencia de establecer canales más ágiles y transparentes para la provisión de dólares, que permitan evitar nuevas distorsiones en la economía real.
Por ahora, el Ejecutivo apuesta a que el descenso del dólar digital no sea una anomalía temporal, sino el inicio de una normalización que permita estabilizar los precios y descomprimir la presión social.

