LA PAZ, 1 sep (El Libre Observador) — Durante años, el oro fue para Bolivia una especie de caja fuerte de emergencia. Ahora, el Banco Central quiere que una parte de ese metal deje de entrar en sus bóvedas y vuelva a convertirse en dólares circulando por la economía. El giro resume el momento delicado que atraviesa el país como es recuperar el oro utilizado como garantía, dejar eventualmente de comprar el metal dentro de Bolivia y conseguir que las divisas vuelvan a estar disponibles en un mercado que todavía siente la presión del dólar.
El presidente del Banco Central de Bolivia (BCB), David Espinoza, anunció este martes que el organismo ha recuperado prácticamente la totalidad del oro que había sido pignorado en operaciones financieras. De las 6,6 toneladas comprometidas hasta noviembre de 2025, solo queda pendiente cancelar una operación equivalente a 1,2 toneladas, prevista para este año.
El BCB asegura que ya dispone del oro necesario para completar esa última operación. Una vez recuperado el metal, el organismo podrá gestionar su incorporación a las reservas internacionales y reforzar, según Espinoza, su capacidad para administrar los activos de reserva del país.
Pero la noticia más significativa está en otro lugar. El Banco Central estudia dejar de comprar oro en el mercado interno. La decisión todavía no está tomada y debe ser evaluada por el Directorio, pero su eventual aplicación revela un cambio de estrategia, en lugar de seguir absorbiendo el metal producido y comercializado en Bolivia, el BCB quiere que los dólares asociados a esas exportaciones permanezcan en el circuito financiero nacional.
La apuesta tiene una explicación sencilla. Desde 2023, el Banco Central destinó 4.552 millones de dólares a la compra de oro, recursos que, según Espinoza, habrían podido representar una mayor inyección de divisas al sistema financiero si no hubieran sido utilizados para atender obligaciones externas del sector fiscal.
Ahora el organismo calcula que, si deja de comprar el metal, podrían ingresar al sistema financiero entre 150 y 250 millones de dólares adicionales cada mes.
Es una cifra importante para una economía que ha pasado buena parte de los últimos años persiguiendo dólares.

La escasez de divisas obligó a Bolivia a modificar su régimen cambiario y abandonar un esquema que durante años mantuvo relativamente estable la cotización oficial. El nuevo escenario ha hecho que el precio del dólar se convierta nuevamente en una referencia cotidiana para empresas, importadores, ahorristas y consumidores.
En ese contexto, el oro ha desempeñado un papel contradictorio. Ha permitido fortalecer el valor de las reservas internacionales, pero también ha absorbido dólares que podrían haber circulado dentro del sistema financiero. La nueva política que estudia el BCB intenta resolver esa paradoja: conservar el oro como respaldo, pero evitar que su compra siga drenando divisas del mercado.
El cambio se complementa con otra medida: la devolución gradual de dólares a los ahorristas a través del sistema financiero.
El proceso comenzó en enero con los clientes que tenían saldos inferiores a 1.000 dólares. En julio se amplió a quienes mantenían entre 1.001 y 3.000 dólares y en agosto alcanzó a los depósitos de entre 3.001 y 5.000 dólares.
El siguiente capítulo comenzará el 15 de septiembre, cuando el Banco Central prevé iniciar una segunda fase de devolución que incluirá a ahorristas institucionales.
El mensaje del BCB es que los dólares deben volver a circular.
No es la única señal que pretende transmitir el organismo. Espinoza afirmó que el Banco Central dispone actualmente de más de 1.100 millones de dólares en activos de reserva de alta liquidez, una posición que se ha fortalecido con la acumulación de más de 400 millones de dólares de reservas internacionales netas consideradas genuinas.
Ese dinero constituye, en palabras del propio presidente del BCB, la “espalda” con la que el organismo puede responder ante movimientos bruscos del tipo de cambio.
La estrategia dibuja así un nuevo mapa de la política monetaria boliviana. El Banco Central quiere recuperar el oro que sirvió como garantía, dejar eventualmente de comprar más metal en el mercado doméstico, devolver dólares al sistema financiero y conservar suficientes recursos líquidos para intervenir si el mercado se desordena.
El objetivo es que la economía recupere algo que durante la crisis cambiaria se volvió escaso: previsibilidad.
Pero el camino no está exento de riesgos. El precio del dólar ya ha superado nuevamente los 12 bolivianos y el mercado sigue atento a la capacidad del Gobierno para generar divisas, atender sus obligaciones externas y contener la inflación.
El Banco Central sostiene que el nuevo régimen debe avanzar hacia un mercado cambiario plenamente flexible. Eso significa aceptar que el dólar se mueva, pero también disponer de herramientas para impedir que una fluctuación termine convertida en una estampida.
La paradoja boliviana es que el país tiene oro, pero necesita dólares líquidos. Tiene reservas, pero una parte importante está concentrada en metal. Y ahora intenta que el oro deje de ser solamente un refugio para convertirse, indirectamente, en una fuente de mayor liquidez.
El próximo 15 de septiembre será una fecha importante para comprobar si esta estrategia empieza a traducirse en más dólares disponibles. Hasta entonces, el BCB prepara un cambio de rumbo en el que el oro deja de ser únicamente una reserva que se acumula y pasa a ser parte de una política destinada a que las divisas vuelvan a respirar dentro de la economía boliviana.

