LA PAZ, 26 jun (El Libre Observador) – Al amanecer, las kilométricas filas ya rodean varias estaciones de servicio del país. Conductores somnolientos esperan dentro de sus vehículos, algunos desde hace una semana y otros de unos días. La escena se ha vuelto parte del paisaje cotidiano boliviano incluso después de que el Gobierno asegurara que dispone de los dólares necesarios para importar combustibles y descartara una subida de precios.
La imagen de las colas contrasta con el mensaje que el Ejecutivo intenta transmitir. El ministro de Economía, Gabriel Espinoza, afirmó que Bolivia cuenta con los recursos suficientes para financiar las importaciones de gasolina y diésel y rechazó las versiones que atribuyen la escasez a una falta de divisas.
“Decir que no existe liquidez para comprar combustibles es absolutamente falso”, sostuvo la autoridad al defender la capacidad financiera del Estado para sostener el abastecimiento.
Pero en Bolivia el problema ya no se mide únicamente en dólares. También se mide en tiempo.
Los conductores esperan durante horas para llenar sus tanques. Los transportistas reorganizan rutas. Los agricultores calculan costos. Y las empresas de logística intentan recuperar una normalidad que todavía parece lejana.
Según el Gobierno, la raíz de la crisis se encuentra en una cadena de suministro que quedó severamente dañada tras 53 días de bloqueos protagonizados por organizaciones campesinas y la Central Obrera Boliviana (COB). Durante casi dos meses, decenas de carreteras quedaron interrumpidas, afectando el transporte de alimentos, mercancías y combustibles.

Cuando los bloqueos finalmente concluyeron, miles de cisternas comenzaron a movilizarse nuevamente. Sin embargo, el regreso del flujo logístico no significó una normalización inmediata.
Las autoridades sostienen que los camiones que estuvieron detenidos durante semanas llegaron a los centros de distribución, pero se encontraron con una demanda extraordinaria. Después de semanas de incertidumbre, buena parte de la población intentó reabastecerse simultáneamente.
La consecuencia fue una paradoja visible en todo el país: más combustible circulando, pero también más personas buscándolo al mismo tiempo.
La situación ocurre además en un momento particularmente sensible para la política energética boliviana.
A finales de diciembre de 2025, el Gobierno del presidente Rodrigo Paz tomó una de las decisiones económicas más trascendentales de las últimas décadas al eliminar la subvención estatal a los combustibles. La medida puso fin a un sistema que durante años mantuvo los precios internos artificialmente bajos y que representaba una creciente carga para las finanzas públicas.
La reforma fue presentada como un paso inevitable para estabilizar la economía y reducir la dependencia de recursos fiscales destinados a subsidiar carburantes importados. Sin embargo, la transición ha estado lejos de ser sencilla.

Transportistas y consumidores han cuestionado la calidad de parte de la gasolina importada y han denunciado que las largas filas no desaparecieron con el cambio de modelo. Para muchos conductores, la promesa de un mercado más eficiente aún no se refleja en la experiencia diaria de buscar combustible.
Consciente de esa tensión, el Gobierno intenta enviar señales de calma. Espinoza aseguró que las reservas internacionales permanecen en niveles que permiten garantizar las importaciones y sostuvo que no existe ninguna razón inmediata para revisar los precios internos.
La afirmación tiene una importancia política evidente. En un país donde los combustibles han ocupado históricamente un lugar central en la estabilidad económica y social, cualquier señal de incremento de precios puede desencadenar protestas y reactivar viejos temores inflacionarios.
Por ahora, el Ejecutivo apuesta a que la recuperación logística termine resolviendo el problema. Pero mientras los ministros hablan de reservas internacionales, contratos de importación y flujos operativos, miles de bolivianos siguen observando una realidad más tangible: la longitud de las filas frente a las estaciones de servicio.

