LA PAZ, 23 ene (El Libre Observador) – En una devastadora crónica marcada por la desolación, Bolivia se enfrenta a la crudeza de las emergencias provocadas por desbordantes lluvias y riadas que han dejado un rastro de tragedia en siete de sus nueve departamentos.
El viceministro de Defensa Civil, Juan Carlos Calvimontes, reveló que 20 personas han perdido la vida entre noviembre de 2023 y enero de 2024, sumiendo al país en una crisis humanitaria de proporciones alarmantes.
Durante una conferencia de prensa, destacó la magnitud del desastre, señalando que 41 municipios y 154 comunidades a lo largo del territorio nacional han sido víctimas de las intensas lluvias, siendo el departamento de La Paz el epicentro de la tragedia con 14 municipios y 63 comunidades afectadas.
La naturaleza no mostró piedad, extendiendo su furia más allá de las lluvias, con granizadas y heladas afectando a cinco departamentos, 11 municipios y 64 comunidades.

El lunes pasado, una tragedia especialmente dolorosa se desencadenó en La Paz, cuando un vehículo fue arrastrado por una mazamorra al intentar cruzar un río en el municipio de Irupana, cobrando la vida de cuatro personas.
El viceministro subrayó la magnitud del sufrimiento humano, indicando que «entre afectadas y damnificadas ya estamos hablando de 9.075 familias».
Frente a este panorama desolador, el Gobierno nacional ha movilizado esfuerzos para brindar ayuda humanitaria, entregando 131 toneladas de recursos valorados en una cifra cercana a Bs 953.248. Sin embargo, Calvimontes reconoció que las dimensiones del desastre superan las actuales capacidades de respuesta.
En un esfuerzo por anticiparse a futuras tragedias, el viceministro anunció que se mantiene una alerta naranja en ocho de los nueve departamentos bolivianos desde el 22 hasta el 27 de enero, señalando el riesgo inminente de desbordes de ríos. En este escenario crítico, Bolivia se aferra a la esperanza de superar este capítulo oscuro en su historia reciente.

