LA PAZ, 13 mar (El Libre Observador) — La captura del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset en Bolivia puso fin este viernes a una larga persecución que durante años alimentó leyendas, polémicas y dudas sobre la capacidad del Estado para enfrentar al crimen organizado. El Gobierno boliviano celebró el arresto como una “victoria de Bolivia”, después de que el presunto capo fuera detenido en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y trasladado posteriormente a Estados Unidos bajo custodia de la Drug Enforcement Administration (DEA).
El presidente boliviano Rodrigo Paz confirmó la operación desde la Casa Grande del Pueblo, sede del Ejecutivo, donde aseguró que la detención marca un punto de inflexión en la lucha contra las redes criminales que operan en la región. “No es una victoria del Gobierno nacional, es una victoria de todos los bolivianos”, afirmó el mandatario al anunciar el resultado del operativo policial.

La captura se produjo en la madrugada en un barrio residencial de Santa Cruz, donde unidades de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) y de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP) desplegaron un operativo que, según las autoridades, fue ejecutado íntegramente por fuerzas bolivianas. El Gobierno destacó que la intervención se realizó sin víctimas y la describió como una acción “quirúrgica” para detener a uno de los fugitivos más buscados de Sudamérica.
Pocas horas después de su arresto, Marset fue conducido al Aeropuerto Internacional Viru Viru, donde agentes de la DEA lo escoltaron hasta un avión con destino a Estados Unidos. Las imágenes difundidas por medios locales muestran al presunto narcotraficante vestido de negro, con manos y pies enmanillados, rodeado por efectivos antidrogas.
Junto a él fueron detenidas otras cuatro personas que, según reportes preliminares de la Policía, integrarían su círculo de seguridad. Las autoridades no descartan nuevas capturas en el marco de una investigación que apunta a una red criminal con ramificaciones internacionales.
Investigadores y fiscales de varios países sitúan a Marset como uno de los articuladores de una compleja estructura dedicada al tráfico de cocaína y al lavado de dinero. Las pesquisas judiciales señalan que su organización movía cargamentos entre Bolivia, Paraguay, Uruguay y Brasil, con rutas que alcanzaban Estados Unidos y Europa.

La figura del uruguayo se convirtió en un símbolo incómodo para Bolivia en 2023, cuando logró escapar de un operativo policial en Santa Cruz pese a un amplio cerco de seguridad. Aquella fuga provocó una tormenta política y abrió interrogantes sobre posibles filtraciones dentro de las fuerzas de seguridad.
Durante su tiempo en la clandestinidad, Marset logró mantenerse oculto bajo identidades falsas y llegó incluso a moverse en círculos deportivos, vinculado al fútbol local. Esa vida pública —en apariencia normal— contrastaba con el perfil que le atribuyen los investigadores: el de un operador clave del narcotráfico en el Cono Sur.
Estados Unidos ofrecía hasta dos millones de dólares por información que permitiera capturarlo. La justicia estadounidense lo reclama por presunto lavado de activos, mientras que en Bolivia y Paraguay enfrenta procesos vinculados al tráfico internacional de drogas.
Con su arresto, el Gobierno boliviano busca enviar una señal política y judicial: que el país puede enfrentar a las redes criminales que operan en la región. Pero el caso Marset también deja abiertas preguntas sobre cómo logró permanecer tanto tiempo prófugo y sobre el alcance real de la red que, según las investigaciones, extendía sus tentáculos desde Sudamérica hasta los mercados globales de la cocaína.

