Por Carmelo Gutiérrez P.
LA PAZ, 20 abr — El próximo congreso del MAS-IPSP ha dejado al descubierto no sólo las ambiciones políticas de figuras como el vicepresidente, David Choquehuanca, la alcaldesa de El Alto, Eva Copa, y algunos pocos que buscan aprovechar de este evento político significativo, sino también las grietas profundas que corroen la unidad y cohesión del movimiento.
Este evento, que se llevará a cabo del 3 al 5 de mayo en el estadio de Villa Ingenio de El Alto, aunque sin aval del Tribunal Supremo Electoral (TSE) se presenta como un escenario crucial para el futuro político del MAS, pero ¿realmente reflejará un avance o simplemente agravará las divisiones internas?
David Choquehuanca, vicepresidente y coordinador con el Pacto de Unidad, busca capitalizar influencia y poder a través de este congreso, sin embargo, su estrategia parece ignorar la realidad palpable de una base social cansada de promesas vacías y divisiones internas.
La falta de inclusión de la Central Obrera Regional de El Alto en el Pacto de Unidad y el descontento evidente muestran que el camino hacia un MAS-IPSP unificado está lleno de obstáculos.

La reciente agresión a Rafael Arce, hijo del presidente, por parte de radicales vinculados al grupo de Evo Morales, es un claro síntoma del clima tenso y polarizado que se vive en Bolivia. Mientras tanto, algunos ministros se mantienen en silencio, incapaces de defender con firmeza al presidente Arce, lo que refleja una falta de voceros con credibilidad y cohesión dentro del Gobierno.
Es imprescindible señalar que la población boliviana está observando con atención cada movimiento político, cada palabra dicha y hasta como se desintegra el partido más grande de la historia del país que en su mejor momento mantenía la unidad monolítica.
La pregunta que se plantea es más que legítima: ¿qué tipo de liderazgo y unidad puede ofrecer el MAS-IPSP si sus propios dirigentes están más preocupados por aprovecharse de este momento y capitalizar poder, antes que resolver las verdaderas necesidades del país?

El congreso del MAS-IPSP de mayo próximo de los denominados “arcistas” se presenta como una oportunidad única para redefinir el rumbo político partidario, pero para lograrlo, es imperativo superar las divisiones internas, dejar de lado las ambiciones individuales y trabajar en pro de un verdadero consenso y unidad que beneficie a todo el movimiento político.
En resumen, la crítica es clara y contundente: el congreso del MAS-IPSP no puede convertirse en un escenario para el encumbramiento político personales de David Choquehuanca, la alcaldesa Evo Copa y de otros pocos a costa del desgaste y la desintegración del Gobierno y del movimiento en su conjunto.
Es hora de mirar más allá de las ambiciones particulares y trabajar en la construcción de un futuro político sólido, unificado y orientado al bienestar de un instrumento que sea capaz de enfrentar hacia adelante cohesionado en las futuras elecciones generales.

