LA PAZ, 17 mar (El Libre Observador) — La renuncia de Carla Faval como vocera presidencial no es solo un movimiento administrativo dentro del Gobierno boliviano. Es, sobre todo, una señal de los reajustes silenciosos que atraviesa el Ejecutivo de Rodrigo Paz en un mes marcado por salidas y tensiones políticas.
Faval anunció este martes que deja el cargo en el inicio de “una nueva etapa”, según un comunicado difundido a la prensa. Había dado una sola conferencia de prensa en cuatro meses, dejando la promesa de informar a los periodistas una vez a la semana en saco roto.
En un tono medido, la exfuncionaria evitó cualquier referencia a conflictos internos y enmarcó su decisión como una transición natural dentro del servicio público. “He decidido concluir mis funciones como vocera presidencial”, señaló, insistiendo en que continuará aportando al país desde otros espacios.
Sin embargo, su salida se produce en un contexto menos neutro de lo que sugiere el mensaje oficial. Días atrás, la renuncia de Andrea Barrientos como viceministra de Autonomías, tras una polémica por sus declaraciones sobre un modelo de redistribución de recursos, dejó al descubierto fisuras dentro del aparato gubernamental.

Faval había asumido la vocería desde el inicio de la gestión de Paz y se convirtió en uno de los rostros visibles del Ejecutivo, especialmente durante la transición de poder, cuando lideró la comisión encargada de coordinar el traspaso de mando, pero en el Gobierno se vio marginada, pues no supo asumir la vocería.
Pero la promesa de una comunicación más abierta y sistemática no terminó de consolidarse.
Ese contraste, entre la intención de apertura y la escasa continuidad, refleja, en parte, las dificultades del Gobierno para construir un relato coherente y sostenido en el tiempo. La salida de su principal portavoz profundiza esa incertidumbre.
En su despedida, Faval agradeció la confianza del presidente y describió su paso por la función como un “honor”. No hubo críticas, ni señales de ruptura. Pero en política, las formas suelen ocultar más de lo que revelan.
La renuncia deja ahora un vacío en la estrategia comunicacional del Ejecutivo en un momento en que la administración de Paz necesita consolidar su narrativa, gestionar controversias y reforzar su vínculo con la opinión pública.

