SANTA CRUZ, 18 mar (El Libre Observador) – Lluvias interminable azota Bolivia desde noviembre del año pasado. Las torrenciales precipitaciones han convertido el territorio boliviano en un campo de batalla, dejando un saldo desolador de 85.974 familias entre damnificadas y afectadas, 52 personas tragadas por la furia del agua, cinco desaparecidos y casi 1.000 hogares reducidos a escombros.
El viceministro de Defensa Civil, Juan Carlos Calvimontes, pintó un panorama desolador en una conferencia de prensa. El viceministro reflejó la gravedad de la crisis: “Estas cifras nos dan un panorama de la devastadora realidad que se está presentando en el país”.

La Paz, sede del gobierno boliviano, se ha convertido en el epicentro de esta catástrofe. Sus calles, otrora llenas de vida, ahora son un laberinto de lodo y destrucción.
El dolor no tiene fronteras. En total, nueve departamentos se encuentran bajo la sombra de las nubes, dos de ellos declarados en estado de emergencia: La Paz y Pando. 133 municipios han sido afectados, 35 se encuentran en situación de desastre y 17 en emergencia.
Las cifras hablan por sí solas: 1.328 viviendas afectadas y 947 completamente destruidas. Un golpe demoledor para miles de familias que luchan por sobrevivir en medio del temporal.
La comparación con el período anterior de lluvias es aterradora: “Esta gestión es mucho más dura y complicada que la anterior”, afirmó Calvimontes con la voz cargada de preocupación.

“Aún no ha finalizado este periodo porque seguramente aumentarán los damnificados, ya que las lluvias seguirán todo marzo y posiblemente abril”, añadió.
El Gobierno boliviano ha movilizado al Comando Conjunto para activar un plan de emergencia, pero la lucha contra la naturaleza parece titánica. Las precipitaciones no dan tregua, desencadenando nuevas emergencias en todo el territorio nacional.
La época de lluvias en Bolivia suele ser dura, pero este año ha superado con creces todos los pronósticos. Un diluvio sin fin que ha dejado un rastro de dolor y destrucción.

