SANTA CRUZ, 3 ago (El Libre Observador) — En San Matías, la frontera no termina donde acaba una carretera ni donde cambia la bandera. Se prolonga por caminos secundarios, pistas clandestinas y rutas que durante años han servido al narcotráfico para mover droga entre países. En los últimos días, esa geografía invisible se ha convertido también en escenario de una violencia que ha obligado a Bolivia y Brasil a reforzar su cooperación policial.
Cinco personas han sido asesinadas en los últimos días en Santa Cruz y uno de los episodios más graves tuvo como víctima a un policía. Las autoridades investigan si detrás de esta cadena de ataques existe una disputa por el control de las rutas del narcotráfico entre dos de las organizaciones criminales más poderosas de la región: el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV).
El Gobierno boliviano anunció este lunes que ambos países preparan un mecanismo de actuación conjunta que contempla la presencia de una misión de la Policía Federal en territorio boliviano y de agentes nacionales al otro lado de la frontera. El objetivo es llevar la cooperación policial a los lugares donde las redes criminales aprovechan la porosidad de la frontera para operar.
El ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, describió la situación como una “ola de violencia muy delicada, muy grave”. Según su explicación, hay dos conflictos superpuestos: por un lado, la pugna de las organizaciones brasileñas por una ruta utilizada para el tráfico de drogas; por otro, la disputa entre grupos que durante años han acumulado intereses y poder en esta zona.
La secuencia de los últimos días explica la alarma. El 29 de julio, un ataque a una estancia dejó cuatro muertos: Manuel Égüez Hurtado, Denys Espinoza Pedraza, Luis A. Rapp y Rildo Pillay. Al día siguiente, policías que acudieron a investigar el crimen fueron emboscados en Ascensión de la Frontera.
El subteniente Gerson Salazar Aliendres murió en el ataque y otros dos agentes resultaron heridos. Los agresores se llevaron el cuerpo del uniformado y prendieron fuego a la vagoneta policial. Dos días después, sus restos fueron encontrados semienterrados en la hacienda La Purísima, cerca de una pista clandestina situada en la carretera hacia Las Petas.
La escena resume el desafío que afrontan las autoridades: una frontera donde la violencia puede desplazarse con rapidez y donde las estructuras del narcotráfico disponen de medios para sostener operaciones clandestinas. La Policía ha reforzado la vigilancia y el Ejército se incorporó a los patrullajes en San Matías.
El comandante departamental de la Policía de Santa Cruz, David Gómez, confirmó que se investiga la relación de los asesinatos con la disputa entre el PCC y el Comando Vermelho. “Lo que ellos están disputando es el poder”, afirmó al referirse al control de las rutas del tráfico de drogas.
La respuesta policial ha encontrado también las huellas materiales de esa actividad. En una pista clandestina fue localizada una avioneta que posteriormente fue inutilizada. Los agentes hallaron además combustible de aviación Avigas, uniformes y equipamiento de características militares. En otra operación apareció infraestructura con cocinas destinadas, según la Policía, a los pilotos.

Las autoridades sostienen que algunas de estas pistas son utilizadas para sacar droga hacia Brasil y Paraguay. La frontera, por tanto, deja de ser únicamente una línea de separación territorial y aparece como una pieza dentro de un circuito criminal mucho mayor.
El nuevo plan de seguridad contempla concentrar esfuerzos en Cobija, Guayaramerín y San Matías, además de otras zonas identificadas por sus elevados niveles de criminalidad. El despliegue pretende cerrar espacios a organizaciones que, según las investigaciones, no entienden de fronteras administrativas.
La violencia ha llevado a las autoridades a hablar incluso de “narcoterrorismo”, una expresión que el ministro Oviedo utiliza para describir la dimensión que puede alcanzar el crimen organizado cuando el narcotráfico se mezcla con estructuras armadas, disputas territoriales y capacidad de intimidación.
Pero la verdadera prueba estará en la capacidad de ambos Estados para convertir el anuncio en operaciones sostenidas. La cooperación policial podrá perseguir a los responsables de los últimos asesinatos, pero el problema es más profundo: las rutas clandestinas, las pistas ilegales y los corredores utilizados para transportar droga seguirán existiendo mientras las organizaciones criminales encuentren en esta frontera un territorio útil para sus negocios.
En San Matías, la disputa por esas rutas ha dejado cadáveres, un policía asesinado y una advertencia que trasciende a esta localidad: la violencia del narcotráfico ya no se mueve solo en los márgenes de la frontera. También está poniendo a prueba la capacidad de los dos países para controlar lo que ocurre a ambos lados de ella.

