LA PAZ, 5 dic (El Libre Observador) — Bolivia cerró noviembre con una inflación acumulada del 19,69%, un nivel que no se veía desde principios de siglo y que marca un quiebre en el ciclo de estabilidad que el país mantuvo durante más de una década. El dato, difundido por el Instituto Nacional de Estadística (INE), confirma el avance sostenido de los precios y deja en evidencia las tensiones estructurales que arrastra la economía boliviana desde 2023.
El 0,4% registrado en noviembre frente a octubre refleja una variación moderada, pero insuficiente para frenar la escalada anual. Los productos alimenticios continúan siendo el factor decisivo: carne de res, tomate y pollo encabezaron las mayores incidencias positivas, en un país donde la canasta familiar es especialmente sensible a cualquier fluctuación.
Durante 15 años, Bolivia consiguió mantener una inflación relativamente baja —frecuentemente por debajo del 5% anual— gracias a un intrincado sistema de subvenciones, controles de precios y un tipo de cambio fijo que funcionó como ancla nominal. Pero ese modelo, advierten analistas, comenzó a desgastarse con la caída de las reservas internacionales y el declive de los ingresos por exportación de gas natural, pilares que daban sustento al esquema.
En su reporte mensual, el INE recuerda que junio, con un incremento del 5,2%, fue el mes más inflacionario del año; septiembre, con 0,2%, el menos. El Ministerio de Planificación matiza que, en noviembre, por primera vez en 2025, la cantidad de productos con precios a la baja superó a los que registraron aumentos, lo que podría sugerir el inicio de una lentísima desaceleración.

Sin embargo, los economistas consultados muestran prudencia. “Este registro marca un quiebre histórico para una economía que, durante 15 años, exhibió tasas inflacionarias moderadas”, explica el experto en economía, Luis Ballivián.
En su análisis señala que la pérdida de reservas, el deterioro fiscal y la creciente dependencia de combustibles importados han puesto al país en una posición especialmente frágil.
El experto advierte que, pese a los esfuerzos del nuevo Gobierno por contener la escasez de dólares y normalizar la provisión de combustibles, “el margen de maniobra sigue siendo estrecho” y que la inflación probablemente supere el 20% al cierre de 2025, impulsada por el dinamismo estacional de fin de año. El riesgo —dice— es que esta tendencia se consolide en 2026 y empuje al país hacia una espiral difícil de revertir.
Las cifras históricas del INE muestran la magnitud del salto: desde 2009, cuando Bolivia registró una inflación de 0,26%, no se observaba un escenario tan tenso. Incluso el 2008 —uno de los años más complicados para la región— cerró con 11,85%, casi ocho puntos por debajo del nivel actual.
Bolivia, que durante años fue presentada como ejemplo de estabilidad de precios en Sudamérica, encara ahora un panorama incierto en el que la recuperación dependerá tanto de decisiones domésticas como de la capacidad del Gobierno para reconectar con fuentes externas de financiamiento y recomponer su arquitectura macroeconómica.

