LA PAZ, 5 dic (El Libre Observador) — En un país donde la seguridad pública se ha convertido en uno de los temas más sensibles de la agenda política, el presidente boliviano Rodrigo Paz presentó este viernes un ambicioso plan de seis ejes para transformar la Policía Boliviana, apuntando a una institución más profesional, moderna y libre de interferencias políticas.
El mensaje llega en un momento de transición y fragilidad institucional, marcado por demandas ciudadanas de reforma y por la urgencia de recuperar la confianza pública en el cuerpo policial.
Durante el acto de egreso de oficiales en la Academia de Policías, Paz abrió su discurso con una promesa que busca romper con viejas prácticas: la meritocracia será —dijo— el único criterio para las designaciones internas. En un país donde la Policía ha sido históricamente señalada por su dependencia del poder político de turno, el anuncio resonó como un intento de marcar distancia respecto de ciclos anteriores.
“Fueron elegidos por sus méritos”, afirmó el mandatario. “Una institución fuerte necesita reglas claras”, añadió, presentando la ética interna como “brújula moral” para el desempeño policial.
El segundo eje se adentra en un terreno especialmente delicado: la corrupción interna, considerada por diversos estudios como uno de los principales factores de erosión de la legitimidad policial. Paz no evitó el diagnóstico: “La Policía se destruye primero por dentro”, advirtió, instando a erradicar prácticas que han deteriorado la imagen de la institución en la última década.

El plan también apuesta por una Policía más orientada a la prevención y al orden público, abandonando, según el presidente, la lógica reactiva que ha predominado en los últimos años. Esta visión enlaza con el cuarto eje: la modernización tecnológica, que incluye herramientas de inteligencia, digitalización de procesos, cooperación internacional y un llamado explícito a dejar atrás el aislamiento institucional. “Basta de ser una isla”, expresó Paz, en una frase que sintetiza su intención de abrir la Policía a estándares globales de gestión y transparencia.
La reforma incorpora además un componente territorial: fortalecer la seguridad urbana y rural, una demanda persistente en un país donde la presencia estatal suele diluirse en las regiones fronterizas y en áreas rurales extensas. El presidente insistió en que la cobertura efectiva debe ser un pilar central de la transformación.
El último eje, dedicado a la lucha contra la violencia de género, destaca por su tono personal. Paz lo describió como parte de su propia convicción y recordó que la igualdad es un requisito ineludible para cualquier reforma que aspire a legitimidad social. Bolivia mantiene una de las tasas más altas de violencia contra las mujeres en Sudamérica, y organizaciones locales han reclamado durante años una policía más preparada y sensible a la atención de víctimas.
El mandatario cerró su intervención con una apelación ética que buscó ir más allá del discurso institucional. Recordó a los nuevos oficiales que la autoridad “no proviene del arma o del uniforme, sino del ejemplo”, y los instó a actuar con coherencia “incluso cuando nadie los mira”.
El mensaje final, pronunciado en un ambiente de solemnidad, fue una invitación a marchar “con firmeza, disciplina y honor” en un país que —según sus palabras— atraviesa un periodo decisivo y necesitado de instituciones “maduras, transparentes y unidas”.

