LA PAZ, 28 nov (El Libre Observador) – El ministro de Gobierno, Carlos Eduardo del Castillo, lanzó este jueves una crítica irónica contra el expresidente Evo Morales al considerar que el líder cocalero lo mejor que pudo hacer es permanecer actualmente en una «detención domiciliaria voluntaria» en el Trópico de Cochabamba.
Según el ministro, Morales evita salir de esa región porque “no es bien visto” en otras partes del país. Además, dejó entrever que es por miedo a la justicia.
“No se anima a salir de la zona del Trópico. No es bien visto en Santa Cruz, en La Paz ni en ningún municipio fuera de esa región. Lo mejor que ha hecho Evo Morales es quedarse en su casa”, señaló Del Castillo durante una entrevista en La Paz, marcando un nuevo episodio en el tenso enfrentamiento entre el Gobierno y el exmandatario.

La declaración del ministro se produce en un contexto de crecientes investigaciones judiciales contra Morales, quien enfrenta cargos por estupro agravado y trata de personas.
La Fiscalía de Tarija investiga al exjefe de Estado por una denuncia que lo vincula con el presunto embarazo de una adolescente de 15 años en 2016. Desde el inicio de estas investigaciones el pasado 2 de octubre, Morales no ha sido visto en otras regiones del país, un contraste con sus habituales giras nacionales como líder del Movimiento al Socialismo (MAS).
Morales ha denunciado lo que considera una persecución judicial y política en su contra. “El abuso judicial se convirtió en la única herramienta disponible para un gobierno viciado de legitimidad”, afirmó el expresidente a través de sus redes sociales el 4 de octubre. Además, señaló que enfrenta al menos 11 procesos judiciales que, según él, buscan silenciarlo políticamente.
Analistas sugieren que esta situación de Morales debilita la unidad del Movimiento al Socialismo (MAS), que enfrenta divisiones internas entre las facciones leales al expresidente y las alineadas con el presidente Luis Arce. La incertidumbre política también podría impactar en la percepción internacional de estabilidad en Bolivia, especialmente en un momento en que el país busca fortalecer su recuperación económica tras los desafíos de la pandemia y las tensiones sociales.
El expresidente, sin embargo, continúa negando las acusaciones y mantiene su narrativa de persecución política, buscando consolidar el apoyo en sus bases más fieles. Pero con las elecciones judiciales y presidenciales en el horizonte, la presión sobre su figura no parece disminuir.


