LA PAZ, 11 jun (El Libre Observador) — Un video de las cámaras de seguridad del penal de Chonchocoro en altiplano de La Paz ha revelado la violencia desatada por el narcotraficante Misael Nallar y un grupo numeroso de reclusos el pasado sábado 8 de junio.
Las imágenes muestran cómo Nallar, principal acusado del triple asesinato de policías en Porongo en 2022 y de enriquecimiento ilícito, incita un motín carcelario y agrede brutalmente a policías, llegando incluso a ordenar su asesinato.
En el video, captado a las 17:30 del sábado, se observa a Nallar iniciar la agresión contra un oficial en las puertas del pabellón B, golpeándolo con puñetazos y patadas. Luego, arenga a otros reclusos para que se unan al ataque y, tras abrir la reja que separa el bloque del resto de la población carcelaria, un grupo emerge con objetos contundentes para agredir a los policías.

Con una actitud desafiante, Nallar apunta directamente a la cámara de seguridad y ordena su destrucción, lo que se cumple poco después. Las imágenes también muestran la destrucción de televisores y cámaras de seguridad en la sala de monitoreo del penal.
Tras el motín, un contingente policial ingresó a Chonchocoro para retomar el control y dos policías resultaron heridos, con lesiones que la Fiscalía investiga como tentativa de homicidio.
El ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, ha sido contundente: «Nallar buscaba asesinar a los efectivos policiales».

Este nuevo episodio de violencia en Chonchocoro enciende las alarmas sobre la seguridad en los penales bolivianos y pone en el centro del debate la figura de Misael Nallar quien, a pesar de estar detenido por graves crímenes, parece ostentar un poder fáctico dentro de la cárcel liderando grupos de matones.
Las investigaciones continúan para determinar las responsabilidades de todos los involucrados en este motín carcelario y se espera que Nallar y los demás reclusos implicados sean procesados por los delitos de tentativa de homicidio y deterioro de bienes del Estado.
La justicia boliviana se encuentra ante un nuevo desafío: garantizar la seguridad en las cárceles y evitar que este tipo de hechos se repitan, mientras que la sombra de la violencia y la impunidad sigue planeando sobre Chonchocoro.

