LA PAZ, 18 feb (El Libre Observador) — La música, las comparsas y el alcohol volvieron a convivir con un viejo fantasma en Bolivia: la inseguridad vial. Durante el feriado largo de Carnaval, 33 personas murieron y 278 resultaron heridas en 365 accidentes de tránsito registrados en todo el país, un saldo que volvió a teñir de tragedia una de las celebraciones más multitudinarias del calendario boliviano.
El balance fue presentado este miércoles por la Policía, que contabilizó los siniestros desde el Jueves de Comadres hasta la medianoche del martes. Aunque la cifra de fallecidos es menor a la de 2025 —cuando se reportaron 75 muertes—, las autoridades reconocen que el número de víctimas sigue siendo alarmante y refleja un problema estructural que se repite cada año.
Las estadísticas oficiales dibujan un patrón conocido. Las colisiones encabezaron la lista de accidentes, con 146 casos, seguidas de 76 atropellos a peatones y 50 choques contra objetos fijos. A ello se suman episodios de conducción peligrosa bajo los efectos del alcohol, una combinación habitual durante las fiestas y una de las principales causas de tragedias en las carreteras.

Detrás de las cifras hay historias concretas. El Martes de Ch’alla, en Mocomoco, una localidad rural del departamento de La Paz, un bus se precipitó a un barranco con una familia a bordo. El accidente dejó tres muertos y nueve heridos. El conductor, según la Policía, escapó del hospital donde recibía atención médica, un hecho que agravó la indignación local.
Otro episodio fatal ocurrió en Uncía, en el departamento de Potosí, donde un joven de 21 años murió atropellado de forma instantánea durante la madrugada del lunes, en una carretera secundaria poco iluminada.
El Carnaval multiplica los desplazamientos por carreteras en mal estado y combina largos viajes, consumo de alcohol y controles insuficientes. Para las autoridades, esa mezcla sigue siendo letal. Pese al despliegue policial y a los operativos de control, el tránsito continúa siendo una de las principales causas de muerte no natural en el país.
Cada año, el feriado deja una sensación ambigua: la celebración de la cultura y, al mismo tiempo, el duelo silencioso de familias que no regresan a casa. En Bolivia, el Carnaval vuelve a confirmar que la fiesta termina, pero las heridas del asfalto tardan mucho más en cerrar.

