Por Hugo M. Gutiérrez
LA PAZ – Desde tiempos inmemoriales, las fronteras han sido más que líneas trazadas en mapas; barreras que separan culturas, obstáculos que dividen oportunidades y, lamentablemente, murallas que frenan el progreso. Chile ha decidido poner un alto a una política de Estado anquilosada de permanente incumplimiento del Tratado de Paz y Amistad suscrito con Bolivia el 20 de octubre de 1904 para poner fin a la guerra entre ambos países luego del estallido de la Guerra del Pacífico en 1879.
En este Tratado internacional, Chile reconoce en favor de Bolivia y a perpetuidad, el más amplio y libre derecho de tránsito comercial por su territorio y puertos del Pacífico, que se estaba incumpliendo con la restricción de horarios de la apertura fronteriza.
Ambos países suscribieron este 6 de marzo pasado un acuerdo sin precedentes con la apertura irrestricta los pasos fronterizos a partir del 15 de mayo próximo.

¿El objetivo? Abrir las 24 horas del día, los 365 días del año, los pasos fronterizos Pisiga-Colchane y Tambo Quemado-Chungará al comercio exterior y paso de ciudadanos, que prevé aumentará el turismo.
El anuncio, realizado por la presidenta de la Aduana Nacional de Bolivia, Karina Serrudo, junto con el cónsul general de Chile en La Paz, Fernando Velasco, es una sacudida para los cimientos de ambos países con el antecedente de un conflicto marítimo, que durante 145 años, los ha enfrentado en foros internacionales y hasta en la Corte Internacional de Justicia de La Haya e incluso los empujó a romper relaciones bilaterales.
Basta de limitar el potencial del comercio exterior boliviano con horarios restringidos y fronteras chilenas cerradas durante la noche. Es hora de que el comercio fluya sin restricciones, sin importar la hora del día ni el día del año. ¿Por qué detener la rueda de la economía cuando puede seguir girando sin pausa?
Imaginen a los camioneros, que ahora podrán cruzar la frontera sin temor a perder horas de sueño en condiciones inhóspitas. Imaginen a los empresarios, que podrán expandir sus negocios sin las trabas de los horarios limitados. Imaginen a los ciudadanos, que podrán intensificar el turismo entre ambos países, además, de tener posibilidades de acceso a una mayor variedad de bienes y servicios a precios más competitivos.
La ampliación de horarios ilimitado no es solo una medida logística; es una declaración de intenciones de un mejor entendimiento entre ambos países. Es un compromiso binacional para impulsar el crecimiento del comercio exterior. Es un paso audaz hacia un futuro donde las fronteras sean más que simples líneas en un mapa, donde sean puentes que unan en lugar de muros que separen.

Con la reducción de los costos de flete y la celeridad de los trámites aduaneros, se abrirán nuevas oportunidades para el comercio boliviano que está enclaustrado desde 1879 por una invasión chilena que le privó desde entonces su acceso soberano al Pacífico.
Los productos bolivianos de exportación llegarán más rápido y a precios más competitivos a los mercados de ultramar, mientras que los productos de importación de diferentes países tendrán un acceso más fluido al mercado boliviano por esa facilidad de acceso irrestricto de los pasos fronterizos entre Bolivia y Chile.
Pero este acuerdo no es solo sobre números y cifras; es sobre personas. Es sobre los miles de trabajadores, empresarios y emprendedores que verán cómo sus objetivos se hacen más alcanzables gracias a esta apertura. Es sobre las comunidades fronterizas que verán cómo se encamina el intercambio cultural y los lazos de amistad entre vecinos.
Es un momento histórico, un hito en el camino hacia un futuro más entendible entre ambas naciones. Pero este es solo el comienzo. Ahora es el momento de construir sobre este impulso, de seguir derribando las barreras que obstaculizan el cumplimiento del Tratado de Paz y Amistad entre ambos países.
Con el acuerdo binacional se está haciendo justicia a ese Tratado y es hora de avanzar hacia un mejor relacionamiento, con paso firme y determinado.


