Por Carmelo Marín P.
LA PAZ, 21 ene (El Libre Observador) — El lanzamiento de la Agenda del Bicentenario de la independencia de Bolivia, un evento que debería haber sido una exhibición impecable de unidad y orgullo nacional, terminó siendo un lamentable ejemplo de improvisación, errores básicos y un despilfarro de recursos que dejó un sabor amargo tanto en los asistentes como en los televidentes.
Este acto, celebrado el 18 de enero en la emblemática plaza Murillo, centro del poder político del país, no solo era una oportunidad para mostrar al país y al mundo el carácter solemne de Bolivia al conmemorar 200 años de independencia, sino también un espacio para fortalecer la cohesión interna.
Sin embargo, lo que vimos fue un espectáculo deslucido y mal coordinado que expuso fallas organizativas, de conocimiento y coordinación que no se pueden pasar por alto.
ERRORES QUE AFECTAN LA CREDIBILIDAD
La plaza Murillo, iluminada con la expectativa de un evento que prometía ser memorable, se convirtió en el escenario de una serie de errores que transformaron el lanzamiento de la Agenda del Bicentenario en una velada para el olvido. Los asistentes esperaban solemnidad, precisión y profesionalismo, pero en lugar de eso, presenciaron una cadena de fallos que dejó al descubierto una alarmante improvisación.
Desde un maestro de ceremonias que confundió el nombre de una banda, hasta la tergiversación de reconocimientos patrimoniales como el del Carnaval de Oruro, los errores se sucedieron uno tras otro.

-La Banda que no fue: El maestro de ceremonias, encargado de dar el tono ceremonial al evento, cometió un error que, lejos de pasar desapercibido, resonó como una desafinada nota en un concierto esperado.
Hasta en ocho ocasiones, se refirió a la emblemática “Banda Bolívar” como “Banda Espectacular Bolivia”, tal cual muestran las imágenes en los bombos del grupo de música. El error, que pudo corregirse tras la primera equivocación, continuó como un eco desafortunado, provocando confusión y murmuraciones entre el público.
Este desliz evidenció no solo una falta de preparación elemental, sino también un descuido imperdonable en un acto de esta relevancia histórica.

-Un desconocimiento que duele: Cuando llegó el turno de la maestra de ceremonias, las expectativas tampoco fueron satisfechas. Con aparente seguridad, afirmó que el Carnaval de Oruro era “Patrimonio Mundial”, dejando al descubierto su desinformación de un reconocimiento que es motivo de orgullo nacional.
La UNESCO lo califica correctamente como “Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”. Este traspié, que podría parecer menor, despoja de rigor al evento y minimiza la importancia de respetar la nomenclatura de nuestras distinciones culturales ante una audiencia nacional e internacional.
-La música de la discordia: En el escenario, los danzarines de la prestigiosa fraternidad “Las Rosas de Viacha” desplegaban su arte con entusiasmo y coordinación, pero la magia se rompió abruptamente cuando la banda musical, en lugar de interpretar su tema tradicional, tocó el correspondiente a la fraternidad Fanáticos, igualmente acreditada.
Los danzarines, con molestia evidente, intentaron mantener la compostura, pero el desliz no pasó desapercibido. Este error, evitable con una mínima coordinación previa, empañó un momento que debía exaltar las tradiciones folklóricas.
-Un Mapin con sabor a poco: Uno de los momentos más esperados de la noche era la proyección de la agenda del Bicentenario en el Mapin (imágenes y videos), anunciada con entusiasmo como un despliegue tecnológico que marcaría la diferencia.
Sin embargo, la proyección llegó en algunos pasajes con falta de coordinación entre el maestro de ceremonia y el operador, se vieron fallas intermitentes que por ahí pasaron desapercibidas al ojo común, pero no para los expertos.

-Un video incómodo: La polémica se desató cuando, en medio de la presentación audiovisual, apareció en primer plano Venuz Desiree Vaca Alvarez, pareja del exfuncionario y fiel defensor del expresidente Evo Morales, César Dockweiler.
La imagen generó incomodidad inmediata, no solo por el contexto político que rodea a Vaca, Dockweiler y Morales, sino también porque su aparición no tenía ninguna relación con el mensaje principal del evento. El video, que debía inspirar y enfocar la atención en el Bicentenario, terminó desviando las conversaciones hacia un tema ajeno al propósito de la ceremonia.

¿Qué mensaje se envía al país y al mundo? Bolivia está en la mira internacional al acercarse a su Bicentenario, y cada acto oficial debe ser una muestra de lo mejor que el país puede ofrecer. Lamentablemente, lo ocurrido en este evento proyecta una imagen de desorganización y despreocupación por los detalles.
Cuando un país falla en cuidar la calidad de sus actos más simbólicos, se corre el riesgo de alimentar percepciones negativas que afectan su reputación.
LECCIONES Y SOLUCIONES
Es imperativo que el Gobierno asuma su responsabilidad y garantice que los próximos eventos del Bicentenario estén a la altura de la ocasión.
Designar un grupo especializado en protocolo y eventos nacionales, compuesto por profesionales experimentados que aseguren la calidad y precisión de cada detalle.
Implementar simulacros y revisiones previas exhaustivas para evitar errores de coordinación. La práctica no solo mejora la ejecución, sino que también permite anticiparse a imprevistos.
Evitar el uso de figuras polémicas o fuera de contexto en los materiales audiovisuales, priorizando contenidos que refuercen el mensaje de unidad y orgullo nacional.
Transparentar el uso de recursos para garantizar que cada boliviano sepa cómo se invierte en estas celebraciones.
El Bicentenario es un momento irrepetible en la historia de Bolivia. No podemos permitir que la falta de planificación y cuidado siga siendo la norma en eventos de esta relevancia.
Es momento de demostrar que somos un país capaz de honrar su historia con actos a la altura de su legado. Si queremos celebrar 200 años de independencia con dignidad, debemos empezar por corregir estos errores y mostrar al mundo el respeto que nuestra historia merece.
El Bicentenario es un punto de partida, no una meta. Tenemos la responsabilidad de construir un futuro mejor para las próximas generaciones.


