Por Abigail Tito
LA PAZ.- En un país donde los relojes parecen perder su utilidad, los abusos en el transporte interdepartamental boliviano se convierten en la norma, no en la excepción. Las empresas de buses en sus diferentes tramos se empeñan en mantener el “pandemónium” en la prestación de sus servicios.
Como reza la frase popular, los transportistas del sector interdepartamental “hacen su agosto en pleno diciembre”, pero para los pasajeros, este no es un verano de comodidades, sino un invierno de abusos y desamparo.
El engaño comienza con un simple boleto. Un papel que promete una hora de salida, una promesa tan vacía como la paciencia de quienes confían en ella. Los relojes y los compromisos de los pasajeros se desvanecen en la niebla de horarios alterados, donde una hora escrita no es más que una ilusión.
El ciudadano Manuel Llampa, entre muchos otros, ha experimentado la burla de esta farsa. ¿Cómo pueden las empresas jugar con el tiempo de aquellos que confían en su servicio?
Los relatos de pasajeros desencantados se multiplican: horarios alterados, paradas inexplicables, costos que suben más rápido que la temperatura del motor, buses repletos como cajas de sardinas, vehículos descuidados que reflejan una negligencia preocupante y un sinfín de irregularidades que convierten un viaje en una odisea de desdén.

Pero, ¿dónde queda la protección para quienes confían su viaje a estas empresas? ¿Dónde se encuentra la defensa para los pasajeros desamparados que se enfrentan a estos abusos? La respuesta, lamentablemente, es un eco vacío en el vasto paisaje boliviano, más aún en estas fechas de fin de año, cuando la gente intensifica los viajes para pasar la Navidad y Año Nuevo con sus seres queridos.
Es urgente que se implementen medidas drásticas para controlar estos excesos. No es suficiente con mirar hacia otro lado mientras los abusos se multiplican. Se necesita una acción decisiva que ponga fin a esta danza cruel con los horarios y la confianza de los pasajeros. Es hora de que las autoridades tomen cartas en el asunto y castiguen con firmeza a aquellas empresas que se burlan de la puntualidad y el bienestar de quienes dependen de su servicio.
Las arbitrariedades en el transporte interdepartamental no pueden seguir siendo moneda corriente en nuestra sociedad. La solución no está solo en señalar con dedo acusador, sino en tomar medidas concretas que promuevan un cambio real en esta situación. Los pasajeros merecen respeto, seguridad y la certeza de que sus viajes no serán una ruleta rusa con el tiempo y su bienestar.
La hora de actuar es ahora. No podemos permitir que este desorden se convierta en una temporada permanente de abusos. Las soluciones están al alcance, la voluntad para implementarlas es lo que necesitamos. El tiempo de tolerar estos atropellos ha terminado.

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