LA PAZ, 13 oct (El Libre Observador) — En un país que por primera vez en su historia democrática se encamina a una segunda vuelta presidencial, el debate televisado del domingo entre el senador Rodrigo Paz y el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga marcó un punto de inflexión en la campaña. La contienda no solo enfrentó dos proyectos económicos, sino también dos generaciones políticas: la de un exmandatario que simboliza la vieja guardia liberal y la de un senador que encarna el relevo centrista y urbano.
El intercambio, seguido con atención en todo el país, generó reacciones. Los excandidatos presidenciales Samuel Doria Medina y Jhonny Fernández, ambos figuras con peso regional y nacional, coincidieron en elogiar el desempeño de Paz.
Para Doria Medina, tercero en la primera vuelta electoral en Bolivia con casi 20%, quien ya había manifestado su respaldo tras la primera vuelta, “el debate dejó claro que Rodrigo Paz tiene mejores condiciones de liderazgo y una hoja de ruta más coherente para superar la crisis económica”.
Fernández, alcalde de Santa Cruz y exaspirante presidencial, destacó que las propuestas de Paz “fueron más razonables y realistas, sin medidas de shock que afecten a la gente humilde”.
Ambos reconocimientos llegan en un momento decisivo. El balotaje del 19 de octubre medirá la fuerza del Partido Demócrata Cristiano (PDC), encabezado por Paz, frente a la alianza Libre, de Quiroga.
El vencedor será posesionado el 8 de noviembre de 2025, y gobernará hasta 2030, en un contexto de alta tensión económica, con reservas internacionales en mínimos, escasez de combustibles y un sistema político que busca adaptarse a la erosión del viejo bipartidismo.
La disputa trasciende los nombres. Bolivia se enfrenta a una encrucijada que remite a los debates de comienzos de siglo, cuando la crisis del modelo exportador y la emergencia de los movimientos sociales reconfiguraron el tablero político. Hoy, sin embargo, la pugna gira en torno a cómo estabilizar una economía presionada por la caída del gas y la inflación acumulada —que roza el 18%—, mientras el país se adentra en su tercer ciclo de transición democrática en apenas dos décadas.

Rodrigo Paz, de 57 años, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, ha intentado proyectarse como un reformista moderado: promueve una visión liberal con rostro social, centrada en la renovación generacional, la inclusión urbana y el fortalecimiento institucional. Jorge Quiroga, de 65 años, de tendencia ultraderecha, apeló en cambio a su experiencia y a una agenda de apertura económica con fuerte protagonismo del sector privado.
Los analistas coinciden en que el debate mostró con nitidez ese contraste. Paz se mostró más estructurado, recurrió a cifras y habló de “un pacto productivo nacional” para dinamizar el empleo y las exportaciones. Quiroga apostó por su retórica conocida —crítica al intervencionismo estatal y defensa de la inversión extranjera—, pero fue percibido como menos innovador.
Bolivia encara así un momento decisivo. La segunda vuelta no solo elegirá un presidente: pondrá a prueba la madurez institucional del país y la capacidad de sus líderes para reconciliar la política con la economía real. En un escenario polarizado pero expectante, el aplauso de dos viejos rivales puede ser un síntoma de que el país, por fin, busca una transición en paz.


