LA PAZ, 23 sep (El Libre Observador) – La histórica Plaza Murillo, epicentro político de Bolivia, se encuentra este lunes bajo un fuerte resguardo de policías y organizaciones afines al gobierno del presidente Luis Arce, en respuesta a la inminente llegada de la marcha liderada por el expresidente Evo Morales (2006-2019).
La movilización, que se inició hace siete días bajo el lema «para salvar Bolivia», aunque para el gobierno “marcha de la muerte”, recorrió la carretera entre Oruro y La Paz, y ha generado expectativas y tensiones en la ciudad Sede del Gobierno.
El comandante departamental de la Policía, Edgar Cortez, informó que se han tomado todas las medidas preventivas necesarias para garantizar el orden público y evitar cualquier confrontación violenta.
“Estamos en estado de alerta para evitar disturbios y alteraciones del orden”, declaró Cortez, subrayando la importancia de mantener la calma en una jornada cargada de simbolismo político.

Por su parte, organizaciones campesinas y movimientos sociales afines al presidente Arce han respondido con su presencia en la Plaza Murillo y en las inmediaciones de la Casa Grande del Pueblo, el nuevo Palacio de Gobierno.
Lucio Quispe, uno de los líderes del sector arcista, explicó que las agrupaciones se movilizaron para «resguardar» las instituciones del Estado y prevenir lo que consideran intentos de desestabilización.
“Vamos a hacer respetar nuestra Constitución para que no haya golpes de Estado, que están preparando en esa marcha”, afirmó Quispe, en alusión a las denuncias recurrentes de sectores afines al oficialismo.

La marcha encabezada por Evo Morales comenzó el 17 de septiembre en Caracollo, con el objetivo de denunciar lo que él considera una gestión fallida del actual gobierno y plantear una alternativa política bajo su liderazgo.
Sin embargo, esta movilización ha sido vista por algunos como un intento de presión contra el gobierno de Arce, en un contexto de crecientes divisiones dentro del Movimiento al Socialismo (MAS).
La llegada de la marcha ha estado marcada por episodios de violencia aislada en su trayecto, lo que ha elevado las preocupaciones sobre posibles enfrentamientos en La Paz. No obstante, hasta el momento, el resguardo policial y la presencia de grupos afines al gobierno han contribuido a mantener la calma en la plaza central.
Este enfrentamiento simbólico entre los seguidores de Morales y las organizaciones que respaldan a Arce refleja las tensiones internas dentro del oficialismo, en un momento crucial para el futuro político de Bolivia.
El Gobierno insiste en que respetará la protesta, pero advierte sobre cualquier intento de desestabilización o alteración del orden constitucional.


