LA PAZ, 22 nov (El Libre Observador) – La crisis institucional en torno a la cesación de funciones de magistrados prorrogados alcanzó un nuevo nivel de tensión este viernes, cuando el Gobierno boliviano, a través de los ministros de Justicia y de la Presidencia, pidió formalmente al Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) emitir un pronunciamiento sobre la legalidad de dos leyes promulgadas por el presidente del Senado, Andrónico Rodríguez.
El ministro de Justicia, César Siles, confirmó que la solicitud fue enviada al presidente del TCP, tanto de manera digital como física, destacando la necesidad de que el máximo intérprete de la Constitución Política del Estado (CPE) aclare lo que calificó como un proceso “ilegal, arbitrario e inconstitucional”.
En el centro de la polémica están dos proyectos de ley aprobados en el Senado y promulgados directamente por Rodríguez, quien asumió esta medida en medio de un bloqueo legislativo que ha paralizado al país en semanas recientes.
Según el Gobierno, estas normativas, que buscan cesar a magistrados que continúan en funciones tras el vencimiento de sus mandatos, fueron promulgadas sin respetar autos constitucionales que advertían su invalidez.

La carta enviada al TCP menciona explícitamente que la promulgación vulnera procedimientos legales establecidos y que las nulidades ya declaradas deberían obligar a un pronunciamiento urgente. “Es fundamental que el Tribunal actúe para garantizar el respeto a la institucionalidad y la Constitución”, señaló Siles en una conferencia de prensa.
El Tribunal Constitucional se encuentra ahora en una encrucijada: su decisión podría sentar un precedente sobre los límites de las acciones legislativas y la interpretación de la prórroga de mandatos en órganos del Estado.
Mientras tanto, sectores opositores acusan al Gobierno de utilizar al TCP como un brazo político, mientras que desde el oficialismo se insiste en que la medida busca preservar el orden constitucional. La demora en el pronunciamiento ha alimentado críticas sobre la falta de celeridad del TCP en un contexto donde la estabilidad institucional está en juego.
La incertidumbre alrededor de esta controversia tiene implicaciones más allá del ámbito judicial. Analistas advierten que la falta de resolución en conflictos de esta índole podría afectar la percepción de estabilidad en Bolivia, influyendo negativamente en la confianza de inversionistas y organismos internacionales.
Además, el prolongado enfrentamiento político entre los poderes Legislativo y Ejecutivo pone en duda la capacidad del Estado para enfrentar desafíos económicos y sociales urgentes, desde la inflación hasta la escasez de recursos en sectores estratégicos.
El llamado del Gobierno al TCP subraya la urgencia de una resolución que despeje dudas sobre la legitimidad de los magistrados y las leyes promulgadas. Sin embargo, el desenlace de este episodio dependerá de la voluntad del Tribunal para ejercer su rol arbitral en un contexto de alta polarización política.


