LA PAZ, 24 abr (El Libre Observador) — Desde un escenario ceremonial impregnado de simbología ancestral, el presidente de Bolivia, Luis Arce, lanzó este jueves una advertencia que resonó como un llamado de alarma para el país entero.
Entre ofrendas rituales y sonidos de instrumentos nativos en la Casa Grande del Pueblo, el mandatario advirtió que el Estado Plurinacional está “en riesgo” y que hay sectores que, lejos de defender la democracia, conspiran contra ella.
El acto era, en principio, una celebración cultural: la ritualidad del Tapa Cayu Chiwu, Huayño Qhata acababa de ser declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de Bolivia. Pero el tono solemne del evento mutó hacia la inquietud política cuando Arce apuntó directamente a lo que considera una amenaza latente: la nostalgia de algunos sectores por el antiguo Estado republicano y una creciente resistencia a los principios democráticos que rigen el país desde 2009.
“Hay mucha gente que no quiere democracia, que no quiere construir un país en paz y tranquilidad”, dijo Arce, en un discurso que mezcló espiritualidad andina con crítica institucional.
Arce no solo aludió a grupos que buscan revertir el orden constitucional vigente, sino también a actores políticos que —según él— sabotean desde dentro del Estado. Cuestionó con dureza a diputados que bloquean leyes fundamentales para la inversión, la soberanía sobre la tierra y la reactivación económica, en un momento en que Bolivia enfrenta presiones fiscales y escasez de divisas.

El presidente elogió a los ayllus qaqachacas, pueblos indígenas que —según remarcó— privilegian el diálogo antes que el conflicto, como un modelo de convivencia pacífica que el país debería emular.
En sus palabras, las culturas originarias no solo son un legado cultural, sino un contrapeso ante lo que definió como una amenaza política: la desestabilización democrática.
El trasfondo de estas declaraciones es un clima político enrarecido. A pocos meses de las elecciones generales previstas para el 17 de enero de 2026, se han multiplicado los recursos legales ante el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) para modificar aspectos del proceso electoral.
Desde propuestas para permitir la postulación de candidatos indígenas sin partido, hasta demandas para garantizar paridad de género en las listas, el tablero jurídico parece cada vez más influenciado por estrategias políticas.
El Gobierno asegura que ninguno de estos recursos afectará el calendario electoral, pero los mensajes son claros. El ministro de Justicia, César Siles, habló de “intereses oscuros” que buscan frenar los comicios, sin señalar responsables. Desde el Órgano Judicial, incluso se advirtió con iniciar acciones legales contra jueces que intenten paralizar el proceso electoral.

El vicecoordinador gubernamental Gustavo Torrico fue más directo: sugirió que se intenta allanar el camino para una candidatura del expresidente Evo Morales mediante una organización indígena, una maniobra que —afirmó— solo sería posible con la renuncia del actual Gobierno, algo que descartó rotundamente.
Así, entre rituales y advertencias, Arce consolidó un discurso que mezcla identidad cultural, resistencia política y defensa institucional. En una Bolivia dividida y en vísperas de una nueva contienda electoral, el presidente apela a las raíces para reforzar su legitimidad, pero también lanza señales de alerta sobre un escenario que, según sus palabras, ya dejó de ser solo político: es existencial.


