LA PAZ, 8 may (El Libre Observador) — Las posibilidades políticas de Evo Morales para disputar las elecciones generales de agosto próximo parecen reducirse a una línea delgada. Con la anulación de la personería jurídica del Frente Para la Victoria (FPV) y del Partido de Acción Nacional Boliviano (Pan-Bol), dos siglas alternativas con las que se especulaba postular, el expresidente boliviano (2006-2019) se queda sin opciones viables dentro del tablero electoral formal.
El vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Tahuichi Tahuichi Quispe, explicó que cuatro de los seis vocales del ente electoral votaron a favor de dar por probada la causal de cancelación definitiva de ambas agrupaciones. ¿El motivo? No lograron superar el umbral mínimo del 3% de votos válidos en los comicios generales de 2020, como exige la ley boliviana para mantener la personería jurídica.
“En esta contienda electoral solo participarán 11 organizaciones: seis partidos políticos y cinco alianzas”, confirmó el vocal a los periodistas.
Entre los partidos habilitados figuran el Movimiento de Renovación Nacional (Morena), la Nueva Generación Patriótica (NGP), Autonomía Por Bolivia-Súmate (APB-Súmate), el histórico Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP) y el Partido Demócrata Cristiano (PDC). A estos se suman las alianzas: Libertad y Democracia (Libre), Alianza Popular, Unidad, Libertad y Progreso, y La Fuerza del Pueblo.
El cuadro complica severamente las aspiraciones de Morales. Ni su propio partido, el MAS, lo puede acoger como candidato, luego del fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional que declaró inconstitucional la reelección indefinida, inhabilitándolo legalmente. Y ahora, con FPV y Pan-Bol fuera del juego, se cierran puertas alternativas para competir bajo siglas prestadas.

UNA RUTA CERRADA, ALIANZAS SIN AFINIDAD
La situación se agrava por las profundas diferencias ideológicas o políticas que Morales y su entorno mantienen con el resto de las organizaciones habilitadas. El partido Morena, liderado por la alcaldesa de El Alto, Eva Copa, es considerado por los evistas como una fuerza traidora al proceso de cambio. El MNR y la NGP se perfilan con candidatos de corte liberal y empresarial, como Jaime Dunn y Edgar Uriona, sin ninguna sintonía con el socialismo del siglo XXI que reivindica Morales.
Tampoco parecen viables las alianzas como Libertad y Progreso —vinculada a ADN, el partido del expresidente Hugo Banzer— ni Unidad, liderada por Samuel Doria Medina y otros exopositores históricos al MAS. En términos políticos, la narrativa evista ha identificado a esos espacios como parte de una “restauración neoliberal” a la que acusan de ser cómplice del “golpe” de 2019.
Apenas una alianza, La Fuerza del Pueblo, impulsada por UCS del alcalde cruceño Johnny Fernández, parece ofrecer una última rendija de posibilidad para Morales. Sin embargo, el propio Fernández ha manifestado su intención de postularse, lo que reduce el margen de maniobra para cualquier negociación. El reloj corre: el plazo para la inscripción de candidaturas vence el próximo 19 de mayo.

CANDIDATURAS PERFILADAS Y UN TABLERO SIN EVO
Con el mapa electoral prácticamente definido, el nombre de Evo Morales comienza a desdibujarse de los escenarios posibles. Ya hay varias candidaturas perfiladas: Jorge Tuto Quiroga por Libertad y Democracia, Samuel Doria Medina por Unidad Nacional, Manfred Reyes Villa por APB-Súmate, Johnny Fernández por La Fuerza del Pueblo, Jaime Dunn por NGP, Jaime Paz Zamora por el PDC y el actual presidente Luis Arce, confirmado por el MAS.
A esa lista se sumaría próximamente el senador Andrónico Rodríguez, quien concentra apoyos crecientes de sectores sociales y campesinos y podría postular con la Alianza Popular del exgobernador Félix Patzi. Además, se comentó que David Mamani, quien representa al 20 provincias del departamento de La Paz, como uno de los candidatos fuertes a la vicepresidencia propuesto por las organizaciones sociales que Lucho Arce no pudo desarmar, pese a haberle quitado la sede de los Tupak Katari.

Morales, mientras tanto, observa desde el margen una contienda que se reconfigura sin él. Aunque conserva influencia entre sectores del trópico de Cochabamba y parte de las bases rurales, la anulación de siglas afines, su inhabilitación legal y la consolidación de nuevas candidaturas lo empujan hacia una inevitable periferia.
Analistas coinciden en que, salvo un giro drástico o una alianza improbable con sectores que históricamente ha denunciado, el frente político “Evo Pueblo” de Morales se encamina a quedar fuera de la papeleta electoral por primera vez en dos décadas. “Tendría que cruzar ríos de sangre —como lo hicieron en su momento el MIR y ADN— para aliarse con lo que ha combatido toda su vida”, comentó un dirigente del MAS que pidió reserva.
En un ciclo político marcado por rupturas, nuevas alianzas y reacomodos, Evo Morales parece estar frente al umbral de un ocaso electoral, que redefine no solo su rol, sino el destino del movimiento que fundó.


