LA PAZ, 28 ago (El Libre Observador) — Bolivia obtiene una nueva radiografía de sí misma. El Censo de Población y Vivienda 2024 confirmó que el país sudamericano cuenta con 11.365.333 habitantes, un dato que no solo actualiza las cifras demográficas, sino que revela cambios estructurales en la sociedad boliviana. Entre ellos, uno que ha sorprendido incluso a los propios estadísticos: una paridad casi absoluta entre mujeres y hombres, con apenas 337 personas de diferencia entre ambos sexos.
El director del Instituto Nacional de Estadística (INE), Humberto Arandia, definió la foto poblacional como “histórica” y “poco común en el mundo”. Pero más allá de la anécdota numérica, los datos del censo abren interrogantes políticos, económicos y culturales para un país que atraviesa un momento clave de transición.
De país joven a sociedad que envejece
Bolivia, tradicionalmente vista como una nación joven y con altas tasas de natalidad, muestra ahora un giro. La proporción de niños y adolescentes cayó del 38,7% en 2001 al 27% en 2024. A la par, la población en edad de trabajar (15 a 64 años) subió al 65,6%, consolidando lo que los demógrafos llaman el “bono demográfico”, una ventana de oportunidad para impulsar el crecimiento económico si se logra articular empleo, educación y productividad.
El desafío, advierten analistas, es que este bono no se diluya en un contexto de estancamiento económico, marcada dependencia de materias primas y tensiones fiscales.
El país vive hoy con un déficit creciente y reservas internacionales en niveles mínimos, lo que condiciona la capacidad de transformar esa base laboral en motor de desarrollo.
Al mismo tiempo, Bolivia empieza a envejecer. Los mayores de 65 años pasaron de representar el 5% de la población en 2001 al 7,4% en 2024. El cambio obliga a repensar políticas de salud, pensiones y cuidado de largo plazo, un terreno aún débil en un Estado con recursos limitados y sistemas de seguridad social fragmentados.

La caída de la identidad indígena
Uno de los hallazgos más sensibles es la brusca caída en la autoidentificación indígena. En 2012, el 62% de la población se reconocía como parte de un pueblo originario; hoy lo hace apenas el 38,7%.
Este dato toca fibras políticas y culturales. Desde la llegada al poder de Evo Morales en 2006, Bolivia se ha definido como “Estado Plurinacional”, con reconocimiento constitucional de 36 naciones indígenas. La merma en la autoidentificación reabre el debate sobre si responde a un proceso de integración y mestizaje cultural o, por el contrario, a un retroceso en el orgullo y visibilidad de las raíces indígenas en la vida urbana.
En un país donde el factor étnico ha sido clave en la disputa política, el dato promete alimentar polémicas y tensiones.
Avances sociales y brechas persistentes
El censo confirma avances significativos en condiciones de vida. La precariedad habitacional cayó del 14,1% en 2001 al 4,5% en 2024. El acceso a agua potable pasó del 72,8% al 87,2%, con un salto rural del 47,6% al 78,2%. La electrificación, que hace dos décadas alcanzaba solo al 26% de las viviendas rurales, hoy cubre el 78,4%.
El mayor cambio, sin embargo, está en la conectividad digital: en 2012 apenas el 9,6% de los bolivianos tenía Internet; hoy el 76,3% está conectado. El salto ha transformado las dinámicas económicas y sociales, especialmente en comunidades rurales que hasta hace poco vivían casi aisladas.
No obstante, las cifras esconden brechas: el acceso desigual a servicios de salud, las dificultades de integración de las regiones más pobres del altiplano y el oriente amazónico, y un modelo económico altamente dependiente del gas y los minerales, cuyo futuro es incierto.

Impacto político y redistribución de poder
El censo no es solo una operación estadística; es también una herramienta de redistribución política y económica. De sus resultados depende la asignación de recursos estatales a departamentos y municipios, así como la representación parlamentaria.
En un escenario de alta polarización —con un oficialismo dividido entre el presidente Luis Arce y Evo Morales, y una oposición fragmentada—, la actualización de cifras poblacionales podría reavivar disputas por el poder territorial. Departamentos como Santa Cruz, motor económico y bastión opositor, esperan que el aumento de su población se traduzca en más escaños y más recursos.
Una radiografía en transición
El Censo 2024 deja una conclusión clara: Bolivia es un país en transición, entre la juventud demográfica y el envejecimiento, entre la modernización urbana y las persistentes brechas rurales, entre la reivindicación indígena y un aparente retroceso identitario.
La fotografía que ofrece el INE es la de una nación con progresos sociales indudables, pero también con nuevos desafíos estructurales que pondrán a prueba a un Estado fragmentado y a una sociedad que busca redefinir su identidad en el siglo XXI.

