LA PAZ, 13 ene (El Libre Observador) — Bolivia vuelve a aparecer en el extremo más frágil del mapa económico latinoamericano. El Banco Mundial proyecta que la economía del país se contraerá un 1,1% en 2026, la peor cifra de la región, y que la recesión se profundizará en 2027, con una caída estimada del 1,5%. El diagnóstico, incluido en el informe Perspectivas Económicas Mundiales 2026, confirma que la desaceleración boliviana ya no es coyuntural, sino estructural.
El organismo multilateral recuerda que la economía boliviana cerró 2025 con una contracción del 0,5%, tras un primer semestre marcado por un retroceso del 2,4%, en medio de bloqueos prolongados y una creciente inestabilidad política. El contraste con las previsiones oficiales de aquel año —que apuntaban a un crecimiento superior al 3%— expone la distancia entre el relato gubernamental y la realidad macroeconómica.
Detrás de las cifras, el Banco Mundial identifica un cóctel persistente de vulnerabilidades: escasez de dólares, fuerte presión fiscal por la importación de combustibles subsidiados y un declive sostenido de los ingresos por exportaciones de gas natural. Estos factores han reducido el margen de maniobra del Estado y han debilitado la inversión privada, en un contexto de bajo crecimiento regional y elevada incertidumbre global.

Mientras Bolivia se adentra en una senda recesiva, el resto de América del Sur muestra un desempeño más resiliente. Argentina liderará el crecimiento regional en 2026, con una expansión estimada del 4%, seguida de Paraguay (3,9%). Brasil crecerá un 2%, afectado por tasas de interés reales elevadas, pero con una leve recuperación prevista para 2027. Colombia, Chile y Perú mantendrán ritmos moderados, apoyados en el consumo, la inversión y la demanda interna.
En promedio, América Latina y el Caribe crecerán un 2,3% en 2026 y un 2,6% en 2027, según el Banco Mundial, a medida que se normalicen los flujos comerciales y se disipen parte de las tensiones externas. Bolivia, sin embargo, quedará rezagada, atrapada entre un modelo económico agotado y la urgencia de reformas que hasta ahora avanzan con lentitud.
Las previsiones del organismo contrastan con las estimaciones del Gobierno boliviano, que proyecta un crecimiento cercano al 0,9% para 2026, y con las de la CEPAL, que sitúa la expansión en torno al 0,5%. Incluso el reciente anuncio del Banco Interamericano de Desarrollo de un paquete crediticio de hasta 4.500 millones de dólares para el periodo 2026-2028 no logra revertir, por ahora, el diagnóstico de fondo.
Para el Banco Mundial, la advertencia es clara: sin ajustes estructurales y sin una estrategia creíble para enfrentar la escasez de divisas y reactivar la inversión, Bolivia corre el riesgo de prolongar su estancamiento en un momento en que la región, aunque lentamente, comienza a recuperarse.

