SANTA CRUZ, 8 may (El Libre Observador) — El feminicidio de Rosa del Carmen Solá, hallada calcinada y decapitada en una zona rural del oriente de Bolivia, sacudió esta semana a la ciudad de Santa Cruz y volvió a colocar en el centro del debate la violencia extrema contra las mujeres en el país andino.
La Policía boliviana presentó este viernes a dos jóvenes sindicados de participar en el feminicidio de la artista, un crimen que, según las investigaciones preliminares, habría ocurrido tras una reunión donde se consumieron bebidas alcohólicas y que posteriormente derivó en un intento de borrar toda evidencia mediante la incineración del cuerpo.
El comandante departamental de la Policía de Santa Cruz, David Gómez, identificó a los sospechosos como Sergio Javier Anagua, de 21 años, y John B. R., de 23, pareja sentimental de la víctima.
“La Policía Boliviana y la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen han realizado un trabajo incansable, día y noche, para esclarecer este lamentable hecho”, declaró Gómez durante la presentación pública de los detenidos.
De acuerdo con la reconstrucción policial, la noche del lunes la cantante compartía bebidas con ambos acusados en una vivienda ubicada en la zona del Bajío, en Santa Cruz, una de las regiones más pobladas y económicamente dinámicas del país.

Las investigaciones apuntan a que en ese inmueble ocurrió el asesinato. Horas después, testigos observaron a los dos sospechosos trasladando una caja grande de cartón hacia un vehículo blanco perteneciente a la víctima.
La ruta seguida por el automóvil condujo a los investigadores hasta La Angostura, una zona boscosa del municipio de El Torno, donde pescadores y comunarios reportaron movimientos extraños durante la madrugada.
Según la Policía, los sospechosos ingresaron al monte y allí intentaron destruir el cuerpo mediante fuego. Los restos fueron encontrados posteriormente carbonizados y con signos de extrema violencia.
El director departamental de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen, Jhonny Coca Guzmán, informó que la autopsia estableció que la víctima murió por un shock hipovolémico causado por al menos 20 heridas punzocortantes en el tórax.
Los investigadores también determinaron que la decapitación ocurrió después de la muerte, presuntamente para dificultar la identificación del cadáver y eliminar evidencias.
Sin embargo, las pruebas forenses permitieron establecer la identidad de la víctima mediante necrodactilia, técnica utilizada para recuperar huellas dactilares en cuerpos severamente dañados.
Las pesquisas posteriores llevaron a los agentes hasta el domicilio de la cantante, donde pruebas de luminol revelaron rastros de sangre en distintas áreas de la vivienda.
La Policía también recuperó objetos vinculados con la víctima en otra casa ubicada en Villa Che Guevara. Entre las evidencias halladas figura una funda de almohada con características similares a fragmentos de tela encontrados junto al cuerpo incinerado.
Las cámaras de seguridad terminaron de reconstruir parte del recorrido del vehículo de la cantante, captado cerca del sitio donde fueron abandonados los restos.
El caso provocó indignación en Santa Cruz, donde familiares, músicos y colectivos de mujeres exigieron justicia y cuestionaron el aumento de la violencia feminicida en Bolivia.
El crimen ocurre en un país donde los feminicidios continúan siendo una de las principales expresiones de violencia de género. Organizaciones civiles y organismos internacionales han advertido reiteradamente sobre la persistencia de patrones de impunidad, brutalidad extrema y deficiencias estructurales en la protección de las mujeres.

