LA PAZ, 22 feb (El Libre Observador) — En un día que debería haber sido dedicado al debate y la toma de decisiones en el ámbito legislativo, la Cámara de Diputados de Bolivia se convirtió este jueves en el escenario de un vergonzoso espectáculo de caos y violencia, en un intento de imponer una agenda gubernamental por los créditos externos y otra política, de la prórroga de los magistrados.
La sesión, que tenía como puntos clave la discusión sobre créditos internacionales, rápidamente se vio envuelta en una espiral de agresiones verbales y físicas entre los legisladores.

La punga radica por un lado la insistencia de los “evistas” y opositores en tratar la prórroga de los magistrados del Órgano Judicial y miembros del Tribunal Constitucional Plurinacional. En tanto, la minoría oficialista, clama la aprobación de los créditos externos para la inversión pública e inyectar divisas.
Desde el principio, las tensiones estuvieron palpables en el hemiciclo, con los ánimos al borde del estallido. La primera vicepresidenta de la Cámara, Verónica Challco, se encontraba a cargo en ausencia del presidente, Israel Huaytari, quien se encontraba fuera de la ciudad.
Sin embargo, su autoridad fue desafiada desde el momento en que intentó mantener el orden siguiendo el orden del día previamente establecido.

El punto de quiebre llegó cuando un grupo de legisladores opositores y del ala radical del Movimiento al Socialismo (MAS)denominados “evistas” se negaron a acatar el orden propuesto por Challco, exigiendo que se alterara la agenda para dar prioridad a las leyes antiprórroga.
Esta discrepancia en las prioridades legislativas desató una serie de enfrentamientos físicos y verbales que sumieron a la Cámara Baja en un estado de tumulto y confusión.
Los empujones, gritos y acusaciones llenaron el aire mientras los diputados luchaban por imponer sus puntos de vista.
Challco se vio rodeada y acosada por los legisladores que insistían por un cambio en el orden del día, mientras que los informes de agresiones físicas entre los propios legisladores añadían un nuevo nivel de violencia a la ya tensa situación.
Mientras tanto, fuera del hemiciclo, grupos afines al ala oficialista del MAS, denominados “arcistas” se movilizaban en un intento por presionar para la aprobación de los créditos internacionales.
Estas acciones reflejaban un claro intento de influencia política desde fuera del proceso legislativo, lo que alimentaba aún más la discordia y la desconfianza entre las diferentes facciones políticas.
En medio del caos, la integridad del proceso legislativo se vio seriamente comprometida. La imagen de la Cámara de Diputados como un lugar de debate democrático y toma de decisiones responsables se vio una vez más manchada por el bochorno.

