LA PAZ, 9 jun (El Libre Observador) — En una ciudad acostumbrada a medir sus crisis por las largas filas para conseguir combustible o por las carreteras bloqueadas que atraviesan el altiplano, una nueva señal de alarma apareció este martes en uno de los lugares más cotidianos como son las panaderías.
Los hornos que cada madrugada alimentan a cientos de miles de familias paceñas comenzarán a apagarse desde este miércoles por elevados costos, falta de insumos y escasez de combustible.
Los panificadores del departamento de La Paz anunciaron un paro de 48 horas tras concluir que ya no cuentan con las condiciones mínimas para mantener la producción del llamado pan de batalla, el alimento más popular y consumido por los hogares bolivianos. La decisión representa mucho más que una protesta sectorial. Es otro síntoma de una crisis que, después de más de 40 días de bloqueos y movilizaciones, empieza a alcanzar los productos más básicos de la canasta familiar.
“Con estas marchas y bloqueos ya no contamos con los productos necesarios para elaborar el pan”, explicó Fernando Chambi, dirigente del sector. Sus palabras resumen la preocupación de cientos de pequeños productores que durante semanas intentaron sostener la producción pese a las crecientes dificultades para conseguir harina, levadura y combustible.
La escasez ya no es una amenaza futura. Es una realidad que se instala lentamente en la cadena de abastecimiento.
Las rutas bloqueadas han dificultado el transporte de materias primas hacia La Paz, mientras la falta de combustible complica la distribución del pan desde los hornos hasta los mercados y centros de venta. Muchos panificadores pasan días enteros esperando gasolina o diésel para mover sus vehículos.
“Ya no tenemos insumos para producir el pan. Además, por la falta de combustible tenemos que permanecer hasta cinco días en las filas”, afirmó Chambi. “Desde mañana dejaremos de elaborar pan”, agregó.
La medida será acatada tanto en la ciudad de La Paz como en las provincias del departamento, una decisión que refleja la magnitud de los problemas que enfrenta el sector.

El pan ocupa un lugar especial en la vida cotidiana boliviana. Es parte del desayuno, acompaña el almuerzo y forma parte de la rutina diaria de millones de personas. Su precio y disponibilidad suelen ser observados con especial atención por las autoridades debido a su impacto social y simbólico.
Por ello, el anuncio de los panificadores tiene una carga política y económica que va más allá de las panaderías.
La decisión llega en un momento en que los bloqueos ya afectan el abastecimiento de combustibles, medicamentos, carne de pollo, huevos y otros productos esenciales. Los distintos eslabones de la economía comienzan a mostrar señales de agotamiento tras más de seis semanas de interrupciones en las principales carreteras del país.
A LA ESCASEZ SE SUMA EL INCREMENTO DE LOS COSTOS
Según los productores, la harina pasó de costar 240 a 350 bolivianos por unidad, mientras que la levadura también registró aumentos significativos debido a las dificultades de transporte y abastecimiento. Para muchas panaderías, especialmente las más pequeñas, absorber esos incrementos se ha vuelto cada vez más complicado.
La situación expone una paradoja que se repite en distintos sectores de la economía boliviana. Aunque los productos existen, las dificultades para transportarlos y distribuirlos terminan generando escasez local y elevando los precios para los consumidores.
Mientras tanto, las filas en los surtidores continúan creciendo y los bloqueos permanecen activos en varias regiones del país. En ese contexto, los panificadores consideran que mantener la producción resulta inviable.
Los hornos que normalmente comienzan a trabajar antes del amanecer permanecerán apagados durante dos días. Puede parecer una interrupción temporal, pero para muchos paceños representa otra señal de que la crisis ya dejó de ser una disputa política en las carreteras para instalarse en la vida diaria de los hogares.

