LA PAZ, 18 sep (El Libre Observador) — Evo Morales tardó unos segundos en responderse a sí mismo. Frente al micrófono de la radio que lo acompaña desde el trópico cochabambino, el expresidente boliviano reconstruyó un diálogo de gabinete que había guardado durante años y decidió hacerlo público; le preguntó a uno de sus ministros por qué no le gustaban las mujeres, escuchó una respuesta que no esperaba y, según su propio relato, se quedó callado.
La confesión llegó envuelta en un reproche. Morales dedicaba su programa en Radio Kawsachun Coca a fustigar a cuatro exfuncionarios de su gestión que, según una publicación periodística reciente, terminaron trabajando para el Ministerio de Economía del gobierno de Rodrigo Paz Pereira. «Estoy convencido de que hay oportunistas, hay oportunistas que no tienen patria, no tienen moral, no tienen principios, no tienen ética. Sólo tienen precio. Donde ponen (dinero) se van, así son los cuatro que menciona la prensa», afirmó.
Fue al defenderse de una eventual acusación de intolerancia cuando el líder del Movimiento Al Socialismo (MAS) desplegó su propia credencial de apertura. «Nosotros no marginamos, teníamos una lesbiana ministra, tenía un homosexual de ministro, Manuel Canelas», dijo. No precisó la identidad de la exministra a la que aludió.
El relato que siguió expone la tensión que Morales no intentó disimular. «Hablé con Manuel Canelas. ¿Manuel, ministro, a ver, por qué no te gustan mujeres? Hay lindas mujeres, bellas mujeres ¿Por qué no te gustan? Y me dijo textual: Evo, Presi, soy marica, marica, marica, me ha repetido, y yo: ayyy, me quedé callado», narró, en un pasaje donde el expresidente reprodujo el término que atribuyó a su exministro.

Acto seguido se describió a sí mismo como «medio conservador» y admitió que no comprende las relaciones entre personas del mismo sexo. Pero cerró el razonamiento con una distinción que resume catorce años de gobierno;
una cosa es lo que siente y otra lo que firma. «Hay que reconocer los derechos, aunque no acepto, a mí no me pasa pues. Es ser humano, finalmente, y hay que sacar normas», insistió, al justificar que Canelas promulgara leyes durante su gestión.
Esa frontera entre convicción personal y política pública no es nueva en su trayectoria. Bajo su mandato, Bolivia incorporó a la Constitución de 2009 la prohibición expresa de discriminar por orientación sexual e identidad de género, y en 2016 promulgó la Ley de Identidad de Género, que permitió a personas trans cambiar nombre y sexo en sus documentos.
En paralelo, Morales protagonizó episodios que le valieron reclamos de colectivos de la diversidad, como su afirmación de 2010, en una cumbre climática en Tiquipaya, de que el pollo tratado con hormonas femeninas incidía en la homosexualidad masculina.
El trasfondo del desahogo radial es político, no identitario. El pasado 3 de septiembre, la prensa informó que Canelas, Walter Chávez, Leila Medinaceli y Pablo Cingolani fueron contratados a principios de año, con fondos de la cooperación internacional, para trabajar en el Ministerio de Economía a pedido del entonces titular de esa cartera, José Gabriel Espinoza, hoy fuera del cargo. Según esa versión, la contratación corrió por cuenta de la Unión Europea y el encargo consistía en diseñar una campaña de comunicación política para el ministerio y para el conjunto del Ejecutivo.
Las reacciones fueron dispares. Chávez negó en sus redes sociales que trabaje para el Gobierno. El vocero de la Presidencia, José Luis Gálvez, optó por devolver la carga de la prueba, «No conozco en el Código Penal, ni en el Código Civil, que haber sido parte del Movimiento Al Socialismo es un delito. Si hay alguna acusación específica contra esas personas, por favor presenten la denuncia y sigan el proceso correspondiente. Cualquier denuncia será bien recibida».
Canelas, que fue ministro de Comunicación en el último tramo del gobierno de Morales, no se pronunció de manera inmediata sobre las declaraciones de su exjefe. El expresidente, en cambio, ya había entregado su titular como que el hombre que promulgó leyes contra la discriminación reconoció que nunca terminó de aceptar aquello que sus normas protegen.


