Por Marco Limario M.
LA PAZ, 12 de noviembre.- Cuando el eco de la retórica patriótica se disipa, lo que queda es la cruda realidad de un líder que usó la frase “patria o muerte” como un mero lema vacío. A cuatro años de la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia, la fachada del supuesto defensor de la patria se desmorona, revelando la verdad detrás de su cobarde huida.
El 10 de noviembre de 2019 marcó el fin de la era del “patria o muerte” en Bolivia. Morales, el mismo hombre que una vez se proclamó como el guardián de la patria, abandonó el país en medio de una crisis política y social.

La frase que alguna vez resonó con nacionalismo y símbolo de la izquierda revolucionaria en democracia se desvaneció, dejando solo la estela de un líder que optó por abandonar y traicionar a su pueblo en lugar de enfrentar las consecuencias de sus acciones.
Mientras el país se encontraba sumido en la incertidumbre, Morales prefería la comodidad del exilio. Las visiones contrarias persisten, con políticos y analistas señalando la verdadera esencia de la frase de Morales: “patria o México”. Su salida a ese país revela la hipocresía detrás de sus palabras, despojándolas de cualquier significado genuino.
Políticos y analistas insisten en que Morales no abandonó Bolivia por un supuesto riesgo de vida, sino más bien por las denuncias de un monumental fraude electoral.
El exmandatario, lejos de aceptar responsabilidad, mantiene la narrativa del “golpe”, buscando eludir la realidad de su propio legado de corrupción y manipulación.

Morales aplica la estrategia repetida de mostrarse ante la población como víctima cómo lo realiza hoy Domingo, hablando de la sigla
La huida a México, seguida por un traslado a Argentina, expone la verdadera naturaleza de Morales: un líder que prefiere la fuga a la justicia.
El retorno de Morales no borra la mancha de su huida del país abandonado a su pueblo. Más bien, resalta la falta de responsabilidad y la negativa a rendir cuentas por sus acciones.
La población boliviana merece respuestas y responsabilidad, no la vuelta triunfal de quien eligió abandonar en lugar de enfrentar las consecuencias de sus actos.
Los llamados de la oposición para procesar a Morales por sus delitos contra la democracia y el país crecen al recordar los tres años de su dimisión.
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