LA PAZ, 13 feb (El Libre Observador) — Bolivia se sumergió en un ritual ancestral de agradecimiento a la Pachamama, la Madre Tierra, a través de la tradicional ch’alla en este martes de Carnaval que cierra el prolongado feriado. Este acto, que ha ganado arraigo en diversas regiones del país, marcó el fin de días llenos de música, danza y celebración que inundaron las calles.
Desde las primeras horas de la madrugada, los bolivianos se entregaron a la ornamentación de sus hogares y propiedades con una variedad de elementos festivos: globos, serpentinas, flores y confites. Pero más allá de la mera decoración, la ch’alla representa un profundo acto de conexión cultural y espiritual para las comunidades bolivianas.

El vecino de la zona Escóbar Uría en La Paz, Hugo Mamani, compartió su visión sobre la ch’alla, describiéndola como una tradición ancestral que se ha mantenido viva a lo largo del tiempo, una expresión de gratitud y fe hacia la tierra que les sustenta.
En diferentes puntos del país, desde las regiones andinas hasta la Amazonía, los ciudadanos realizaron ofrendas a la Pachamama, agradeciéndole por los bienes materiales que poseen, como casas, negocios, automóviles, terrenos, puestos de venta, entre otros. Este gesto se materializó mediante la rociada de alcohol, vino y otros objetos simbólicos, en un acto de profunda fe y reciprocidad.

La ch’alla, cuyo nombre en aymara significa “rociar”, es una práctica profundamente arraigada en la cultura boliviana, extendiéndose desde las regiones occidentales hasta otras zonas del país, como los valles y la Amazonía, gracias a la migración y la difusión de tradiciones.
El Carnaval en Bolivia, que inició el pasado 8 de febrero con la festividad de las Comadres, luego el viernes estuvo precedido por rituales ancestrales en las oficinas públicas y privadas. El sábado fue precedido por el emblemático Carnaval Folclórico de Oruro, que atrae a miles de personas de todo el mundo.

Sin embargo, es la ch’alla la que oficialmente marca el fin de estas festividades, dando paso a la cuaresma y al camino hacia la Semana Santa.
Carlos Ramos de 45 años, vecino de Miraflores en La Paz, mientras adornaba su propiedad con banderines y flores multicolores, expresó la importancia de la Pachamama en la cultura andina, como la proveedora de la alimentación, el trabajo, la salud y el hogar.
Para él, la ch’alla es una expresión de gratitud y una manera de honrar a la Madre Tierra, inseparable de la identidad boliviana.

En medio del júbilo y la alegría que caracterizan al Carnaval boliviano, la ch’alla emerge como un recordatorio de la importancia de preservar las tradiciones y de reconocer el papel vital que desempeña la Madre Tierra en la vida de las comunidades del país andino.
Con la ch’alla, los bolivianos cerraron las festividades carnavalescas, dando paso a la reflexión y la espiritualidad que marcarán el camino hacia la Semana Santa.
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