LA PAZ, 27 ago (El Libre Observador) — Bolivia está conmovida por la partida del padre Eduardo Pérez Iribarne, sacerdote jesuita, periodista comprometido, impulsor del deporte y activista social. Su muerte ha desatado una ola de reacciones que no solo abarcan el ámbito religioso, sino que han resonado en todos los sectores de la sociedad boliviana.
Las redes sociales se inundaron de mensajes de condolencias tan pronto se conoció la noticia. El presidente Luis Arce, y figuras políticas como el expresidente Carlos Mesa (2003-3005), expresaron su pesar, destacando la enorme influencia que Pérez tuvo en la vida nacional.
Arce calificó el día como uno de «profunda tristeza para Bolivia» y recordó las numerosas iniciativas de solidaridad impulsadas por el padre Pérez, como la icónica campaña navideña «Por la sonrisa de un niño» y la carrera ciclística «Doble Copacabana».

Por su parte, Mesa lo describió como un periodista «inteligente, crítico y valiente» que contribuyó significativamente a la construcción democrática del país.
El ministro de Justicia, Iván Lima; el alcalde de La Paz, Iván Arias, y la alcaldesa de El Alto, Eva Copa, están igualmente entre los que se expresaron por esta partida. “(…) Su legado como periodista, sacerdote y defensor de la verdad perdurará en el corazón de Bolivia. Su valentía durante tiempos difíciles y su dedicación a Radio Fides inspiraron a generaciones”, publicó Copa.
La vida del padre Pérez estuvo marcada por un inquebrantable compromiso con la justicia social y la comunicación. Llegó a Bolivia en 1968, dejando su natal Cataluña para cumplir su misión en un país que apenas conocía. En sus primeros años, trabajó en la radio minera Pio XII, donde comenzó a forjar su carrera periodística bajo la influencia del padre Gregorio Iriarte.
Su pasión por el periodismo lo llevó a crear y dirigir programas que se convirtieron en emblemas de la radiodifusión boliviana, como «El hombre invisible» y «Periscopio». En un medio ambiente hostil y cargado de tensiones políticas, Pérez Iribarne nunca dudó en enfrentar a los poderosos, convirtiéndose en un símbolo de la defensa de la libertad de expresión.

El asesinato de su colega y amigo, el padre Luis Espinal, a manos de la dictadura militar en 1980, fue uno de los momentos más duros de su vida. A pesar del dolor, Pérez continuó su labor periodística con más fuerza, contribuyendo a la denuncia de los abusos y a la construcción de un espacio de diálogo y crítica en un país asolado por la represión.
A su regreso del exilio en Venezuela, tras la caída de la dictadura, Pérez Iribarne volvió a su hogar en la Radio Fides, donde asumió la dirección y la transformó en un pilar de la comunicación social en Bolivia. Uno de sus logros más destacados fue dar voz a los ciudadanos comunes, invitándolos a participar en debates que antes solo eran accesibles para las élites políticas y económicas.
Además de su labor en los medios, el padre Pérez fue un ferviente promotor del deporte y la solidaridad. Fundó la carrera de ciclismo más importante del país, la «Doble Copacabana», y la campaña «Por la sonrisa de un niño», que año tras año llevó alegría a miles de niños bolivianos.
El legado del padre Eduardo Pérez Iribarne perdurará en la memoria de todos aquellos que lo conocieron, tanto por su labor como periodista como por su incansable dedicación a los más necesitados. Su partida deja un vacío difícil de llenar, pero su ejemplo continuará inspirando a las generaciones futuras en Bolivia y más allá.

