LA PAZ, 14 nov (El Libre Observador) — La quietud de la madrugada en el barrio paceño de Sopocachi fue quebrada la madrugada de este jueves, cuando la Policía Boliviana irrumpió en la vivienda del exministro Juan Ramón Quintana, bajo un operativo que no logró con la aprehensión del sindicado y dejó ver la gravedad de las acusaciones que pesan sobre él.
Eran las dos de la mañana cuando los efectivos llegaron al lugar sin lograr el principal objetivo que era la detención de Quintana y tras varias horas de requisa, salieron con una computadora y dos cajas llenas de documentos.
El operativo, marcado por la discreción y el resguardo policial, responde a la orden de captura y allanamiento emitida en el marco de una investigación que señala a Quintana por delitos de terrorismo y alzamiento armado.
Según el reporte de los medios de prensa, el procedimiento fue cuidadoso y meticuloso. El ordenador y las cajas fueron subidas a una camioneta gris, y bajo estricta vigilancia policial, las pruebas fueron trasladadas para un análisis exhaustivo en el marco de la investigación que involucra al exministro, figura emblemática y polémica en el gobierno de Evo Morales.
La presencia de varios agentes en el perímetro del domicilio reflejaba la seriedad de los cargos, vinculados a los violentos bloqueos liderados por sectores evistas en Cochabamba y que paralizó la conexión carretera entre oriente y occidente de Bolivia dejando al menos 4.000 millones de dólares de perdidas, como lo manifestó el presidente Luis Arce en su informe a la nación el pasado 8 de noviembre.

TERRORISMO Y ALZAMIENTO ARMADO
Quintana, quien fue un cercano colaborador de Morales, se encuentra bajo la lupa de las autoridades desde que, en el contexto de las protestas recientes, pronunció unas palabras que resonaron como una amenaza.
«Los bloqueos se alimentan con sangre», declaró el 18 de octubre, en plena escalada del conflicto que paralizó el país durante 24 días. Las declaraciones provocaron una oleada de críticas y encendieron aún más la indignación de sectores gubernamentales y sociales contra la movilización evista que buscó eliminar las acusaciones de estupro contra Morales y habilitarlo para las elecciones del 2025.
Con la aprehensión de líderes campesinos como Humberto Claros y Ramiro Cucho en días previos, la red de investigación se ha ampliado para incluir a Quintana, a quien se acusa de haber instigado a la movilización de grupos irregulares.

Estos bloqueos generaron enfrentamientos que se tornaron violentos y que han dejado heridas profundas en la población. Las investigaciones pretenden esclarecer el rol del exministro en los disturbios, que fueron marcados por enfrentamientos entre policías y manifestantes armados con explosivos caseros y otros artefactos peligrosos.
El allanamiento en la casa de Quintana, en uno de los barrios más reconocidos de La Paz, abre un capítulo crucial en el caso. La recolección de pruebas digitales y documentales sugiere que las autoridades buscan rastrear comunicaciones, documentos y cualquier rastro que vincule al exministro con la organización de los bloqueos.
Las cajas y la computadora incautada serán revisadas minuciosamente en busca de evidencia que esclarezca si Quintana ejerció un papel clave en la movilización de sectores que, por semanas, mantuvieron al país al borde de una crisis.
Quintana, cuyo paradero no ha sido confirmado desde el operativo, ha sido blanco de críticas por su relación cercana con Morales y por su influencia en el movimiento evista. Mientras tanto, el Gobierno mantiene la firmeza en que estos procedimientos son necesarios para restaurar el orden en un momento de alta volatilidad.
La Fiscalía, que también tiene bajo investigación a otros líderes del movimiento, ha intensificado los operativos en todo el país, con miras a aprehender a figuras que, como Quintana, están siendo señaladas como responsables de los actos de violencia.
Este operativo, más allá de la recolección de pruebas, lanza un mensaje contundente sobre la determinación del gobierno de seguir adelante con las acciones judiciales para responder a los recientes disturbios.


