LA PAZ, 13 feb (El Libre Observador) — El Gobierno de Bolivia salió este viernes a cortar de raíz una versión que agitó el debate económico y político dentro y fuera del país. La administración del presidente Rodrigo Paz negó de forma tajante estar negociando un crédito de hasta 3.300 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y aseguró que no existe ninguna gestión formal en curso con el organismo multilateral.
La desmentida oficial respondió a una publicación del influyente portal financiero Bloomberg, que había informado sobre supuestas conversaciones entre autoridades bolivianas y técnicos del Fondo para un programa de financiamiento de mediano y largo plazo, bajo la modalidad conocida como Facilidad Ampliada del Fondo (EFF, por sus siglas en inglés).
“Nosotros no estamos trabajando en este momento ningún crédito con el Fondo Monetario Internacional”, afirmó el ministro de Economía y Finanzas Públicas, José Gabriel Espinoza, ante periodistas. El funcionario reconoció que el país mantiene intercambios con distintos organismos multilaterales, pero subrayó que esos contactos no implican compromisos ni condicionamientos previos.
Según Bloomberg, el eventual acuerdo permitiría a Bolivia acceder a un monto equivalente a entre ocho y diez veces su cuota en el FMI, es decir, entre 2.600 y 3.300 millones de dólares, en un contexto de crecientes presiones sobre la liquidez y el mercado cambiario. La información citaba a personas familiarizadas con las conversaciones, pero no precisaba plazos ni detalles de un eventual programa.
Desde el Ejecutivo, la respuesta fue contundente. Espinoza insistió en que no existe ningún proceso de negociación y recalcó que el Gobierno no ha solicitado financiamiento al Fondo. “No hay ningún tipo de condicionamiento porque no hay ninguna gestión”, remarcó.

El ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, reforzó el mensaje en declaraciones televisivas. Señaló que Bolivia se encuentra actualmente en una fase de obtención de recursos provenientes de otros organismos internacionales y no del FMI. “Hay una aproximación con todos los organismos, pero Bolivia no está formalmente en un proceso de negociación con el Fondo. El programa económico de Bolivia es decidido por nosotros”, afirmó.
Lupo precisó que el Ejecutivo prioriza créditos orientados a inversión y desarrollo provenientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial y la CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, entidades con las que el país mantiene una relación activa y sostenida.
En ese marco, el ministro reconoció que existen debates técnicos pendientes, como la eventual unificación cambiaria, una discusión recurrente entre analistas económicos. Sin embargo, aclaró que el Gobierno no considera que el país esté en condiciones de avanzar en ese terreno en el corto plazo. “Eso será hacia adelante, en el momento que corresponda”, señaló.
La sensibilidad del tema no es menor. Durante las últimas dos décadas, Bolivia mantuvo una relación distante con el FMI, al que sucesivos gobiernos asociaron con políticas de austeridad, reducción del gasto social y reformas orientadas a disminuir la presencia del Estado en la economía. Ese distanciamiento se convirtió en un elemento central del discurso político y económico del país.
Por eso, la versión de una eventual negociación con el Fondo generó inquietud y especulación, tanto en el ámbito político como en los mercados. La rápida reacción oficial buscó disipar esas dudas y reafirmar una línea de continuidad en la estrategia económica del Ejecutivo.
Al negar cualquier acercamiento formal al FMI, el Gobierno boliviano intenta enviar una señal clara: no habrá, al menos por ahora, un giro hacia programas de financiamiento asociados a condicionalidades externas. En un contexto regional marcado por ajustes, endeudamiento y negociaciones con organismos internacionales, La Paz reivindica su margen de decisión y la defensa de un modelo económico propio.

