LA PAZ, 15 sep (El Libre Observador) – En un año marcado por la incertidumbre económica regional y las tensiones políticas internas, Bolivia sorprendió con un dato que el Gobierno ha celebrado como muestra de fortaleza: la recaudación tributaria entre enero y agosto creció un 18,7% en relación a 2024, alcanzando los 28.230 millones de bolivianos (unos 4.066 millones de dólares).
El presidente del Servicio de Impuestos Nacionales (SIN), Mario Cazón, atribuyó este repunte a la digitalización de los procesos fiscales, la mayor formalización del comercio y políticas gubernamentales orientadas a dinamizar el mercado interno.
“Mi agradecimiento al sector del comercio que ha comprendido que la cultura tributaria debe ser parte de cualquier actividad económica”, dijo, en un mensaje dirigido tanto a empresarios como a pequeños negocios.
El detalle no es menor. En un país donde el sector informal domina la economía —se estima que supera el 60% del empleo—, el aumento de la recaudación revela un proceso paulatino de integración de actores que históricamente se mantenían al margen del sistema tributario.
Entre la política y la economía
La noticia llega en un contexto político delicado. El Gobierno de Luis Arce enfrenta presiones simultáneas: la pugna con el expresidente Evo Morales por el control del oficialismo, el desafío de una oposición fragmentada pero activa en las calles, y el desgaste social por la inflación importada y la crisis de combustibles. En ese tablero, exhibir cifras positivas en materia fiscal no solo es un dato económico, sino también un mensaje político: Bolivia mantiene su capacidad de recaudación y con ella financia programas sociales que han sido el corazón del proyecto del MAS durante casi dos décadas.
El Impuesto al Valor Agregado (IVA) y el Impuesto a las Utilidades de las Empresas (IUE) lideraron los ingresos, con 8.862 y 8.596 millones de bolivianos respectivamente. El comercio, motor resiliente de la economía boliviana, reportó un alza del 28,6% frente al mismo periodo de 2024, mientras que el Impuesto a las Transacciones aportó 4.632 millones.

La otra cara de las cifras
Sin embargo, la fotografía tiene matices. El repunte de ingresos tributarios ocurre en paralelo a una caída de las reservas internacionales, que se redujeron drásticamente en los últimos años, y a crecientes dificultades del Estado para sostener el subsidio a los carburantes, uno de los pilares del modelo boliviano. La paradoja es evidente: la recaudación crece, pero el margen fiscal se estrecha por el peso de los subsidios y la caída de exportaciones clave como el gas natural.
Economistas locales advierten que el incremento de la recaudación no necesariamente se traducirá en mayor holgura fiscal si no va acompañado de reformas estructurales y diversificación productiva. “El Estado boliviano ha mostrado una fuerte capacidad de cobrar impuestos, pero sigue siendo altamente dependiente de pocos sectores”, señaló un analista consultado en La Paz.


