LA PAZ, 11 jun (El Libre Observador) — El cansancio se ha convertido en una de las palabras más repetidas en Bolivia durante las últimas semanas. Cansancio por las largas filas para conseguir combustible. Cansancio por la incertidumbre económica. Cansancio por los bloqueos que interrumpieron carreteras, frenaron el comercio y agravaron una crisis que ya venía erosionando la confianza de consumidores y empresarios.
Ese sentimiento colectivo fue el telón de fondo de una inusual intervención del principal gremio industrial del país. Este jueves, la Cámara Nacional de Industrias (CNI) presentó un Plan Nacional de Reactivación Económica y Empleo Post Bloqueos, una propuesta que busca convertirse en una hoja de ruta para sacar a Bolivia de una de las etapas económicas más delicadas de los últimos años.
La presentación no estuvo dominada únicamente por cifras o indicadores. También estuvo marcada por un tono de preocupación poco habitual entre los representantes empresariales.
“Estoy cansado como millones de bolivianos”, afirmó Gonzalo Morales, presidente de la CNI. “Bolivia está agotada, estamos agotados de la incertidumbre, de las filas, de ver cómo suben los precios. El daño que estamos viviendo ya no es solo económico, sino social”.
Sus palabras reflejan un clima que se ha instalado en amplios sectores de la sociedad boliviana. Tras más de 40 días de bloqueos y conflictos sociales, las pérdidas económicas se acumulan mientras el país intenta contener una desaceleración agravada por la escasez de divisas, la presión sobre las reservas internacionales y el aumento del costo de vida.
Para los industriales, la crisis ha dejado de ser una discusión técnica para convertirse en una amenaza cotidiana para miles de familias.
“Detrás de cada empresa y de cada negocio que no vende hay hogares que no saben cómo llegarán a fin de mes”, insistió Morales.
La propuesta empresarial parte de una premisa sencilla: sin confianza no habrá inversión; sin inversión no habrá producción; y sin producción no será posible recuperar el empleo ni el crecimiento.
Por ello, el plan plantea medidas inmediatas destinadas a aliviar la presión sobre empresas y productores. Entre ellas figuran el diferimiento temporal de impuestos, la postergación de pagos crediticios, la reducción de costos financieros y facilidades para importar materias primas e insumos sin gravámenes arancelarios.

También propone que las industrias paguen la energía eléctrica de acuerdo con el consumo efectivo y no por la potencia contratada, una medida que busca reducir costos en un momento de baja actividad productiva.
Sin embargo, el documento va más allá de las soluciones de emergencia.
La CNI plantea la creación de un Fondo de Recuperación y Reconstrucción Económica y Social financiado con recursos de organismos internacionales, destinado a sectores considerados estratégicos para el futuro del país: agroindustria, manufactura, infraestructura vial, educación, transporte y tecnologías financieras.
La iniciativa incluye además una nueva Ley de Inversiones basada en contratos de estabilidad jurídica, una demanda histórica del empresariado boliviano que considera indispensable ofrecer garantías claras para atraer capitales nacionales y extranjeros.
El mensaje central del plan es que la recuperación económica no dependerá únicamente de resolver los problemas inmediatos de liquidez o abastecimiento, sino de reconstruir la confianza en las instituciones y en las reglas del juego.
Los industriales calculan que las medidas podrían ayudar a recuperar entre uno y uno y medio puntos porcentuales del crecimiento económico perdido durante los recientes conflictos. Incluso sostienen que podrían contribuir a reducir significativamente el desempleo estacional y amortiguar una caída económica que estiman entre el 2% y el 2,5%.
Entre las propuestas más llamativas figura la creación de un “Bono Familia” de 1.000 bolivianos para personas sin ingresos fijos. El objetivo sería estimular el consumo interno y reactivar la demanda en un momento en que muchas familias han reducido sus gastos por la incertidumbre.
La iniciativa surge en un momento políticamente sensible. Bolivia se encuentra inmersa en un prolongado período de tensión social y disputa política, mientras intenta enfrentar desafíos estructurales que van desde la escasez de dólares hasta la necesidad de diversificar una economía históricamente dependiente de la exportación de materias primas.
En ese contexto, la propuesta empresarial aparece como un intento de introducir una agenda económica en un debate público dominado durante meses por la confrontación política.
La pregunta es si el país tendrá margen para aplicar algunas de estas medidas antes de que el desgaste económico termine profundizando el malestar social.
Por ahora, la imagen que deja la presentación del plan es la de un sector privado que busca ocupar un espacio que considera vacío: el de ofrecer respuestas concretas en medio de una crisis que ya no se mide únicamente en indicadores económicos, sino también en el ánimo de una población cada vez más fatigada por la incertidumbre.
Porque, como reconoció el propio Morales, el desafío que enfrenta Bolivia ya no es solamente recuperar cifras de crecimiento. Es recuperar la sensación de normalidad en un país que lleva demasiado tiempo viviendo en estado de excepción económica.


